En 2025, Colombia exportó hacia la República Popular de China (China continental, Taiwán, Hong Kong y Macao) US$ 2.162,8 millones FOB e importó US$ 18.549,0 millones FOB, con un déficit comercial de US$ 16.386,2 millones. Frente a 2024, las exportaciones cayeron 29,8 % y las importaciones crecieron 22,5 %, lo que amplió el déficit bilateral en más de US$ 4.320 millones. Por cada dólar exportado, Colombia importó aproximadamente US$ 8,58.
El rasgo más importante del año no fue solo la magnitud del saldo negativo, sino la forma en que este se produjo. La estructura del comercio mostró una relación claramente asimétrica: Colombia exportó una canasta estrecha, altamente concentrada en pocos bienes de origen minero-energético, metalúrgico y agroindustrial, mientras importó una canasta mucho más amplia de manufacturas, equipos, bienes de transporte, telecomunicaciones, insumos industriales y tecnologías de electrificación.
Principales cifras
La dinámica anual confirma que el deterioro no fue un episodio aislado. Las importaciones crecieron frente a 2024 en los doce meses del año, mientras las exportaciones solo crecieron en cuatro meses: febrero, septiembre, octubre y noviembre. El déficit fue negativo en todos los meses de 2025. Los meses más críticos fueron octubre y diciembre, cuando el saldo negativo rondó US$ 1.579 millones; incluso en los meses menos desfavorables, como febrero y marzo, la brecha siguió siendo muy amplia.
China continental concentró 76,1 % de las exportaciones colombianas al agregado y 97,9 % de las importaciones, por lo que el desequilibrio bilateral está determinado casi por completo por ese socio. Las exportaciones a China continental cayeron 30,8 %, mientras las dirigidas a Hong Kong cayeron 60,9 % y las orientadas a Taiwán crecieron 41,5 %. Esto indica que, aunque el agregado chino es útil para el análisis, no debe asumirse como un bloque homogéneo.
En términos de composición por cadenas, las exportaciones se concentraron en extractivos y energía (51,8 %), materiales, metales y manufacturas (29,0 %) y agroindustria y alimentos (17,1 %). En importaciones, dominaron bienes de capital, transporte y especiales (57,4 %), seguidos por químico y materiales sintéticos (16,8 %) y manufacturas de base biótica (12,4 %). A nivel de capítulos, Colombia exportó principalmente combustibles minerales, hierro y acero, café, minerales metalíferos y cobre; e importó sobre todo máquinas y aparatos eléctricos, maquinaria mecánica y vehículos y sus partes.
La concentración exportadora fue muy alta. Las 10 principales subpartidas explicaron 88,7 % del total exportado y las 20 primeras, 96,8 %. Del lado importador, en cambio, las 10 principales subpartidas explicaron solo 21,8 % del total y las 20 primeras, 27,6 %. Esto significa que Colombia depende de muy pocos productos para sostener casi toda su relación exportadora con China, mientras China participa en el mercado colombiano con una oferta mucho más diversificada.
Fuente: Elaboración propia con datos del DANE, visualización generada con el Radar Comercial del Observatorio Colombia-China
El análisis por tipo de bien refuerza esta idea. En exportaciones, 71,02 % del total correspondió a bienes minero-energéticos, mientras 28,98 % fue no minero-energético. En importaciones, 99,76 % del total fue no minero-energético. En otras palabras, Colombia mantuvo todavía un superávit en el componente minero-energético, pero enfrentó un déficit mucho mayor en el componente no minero-energético. Este es uno de los hallazgos estructurales más importantes del informe.
La dimensión territorial también fue altamente concentrada. En importaciones, Bogotá, D.C., Antioquia, Cundinamarca y Valle del Cauca explicaron cerca de 85 % del total. En exportaciones, el peso principal se ubicó en Petróleo y derivados, Antioquia, Córdoba y Cesar. A nivel aduanero, Buenaventura y la Aduana Especial de Bogotá concentraron más de 80 % de las importaciones, mientras Cartagena, Buenaventura y Santa Marta explicaron cerca de 78 % de las exportaciones. Esto indica que el vínculo bilateral está concentrado no solo en productos y socios, sino también en pocos territorios y corredores logísticos.
Finalmente, la materialidad del intercambio resume muy bien la asimetría. En importaciones, la categoría dominante fue “unidades”, con 66,6 % del total, principalmente teléfonos inteligentes, computadores portátiles, vehículos eléctricos, motocicletas y aparatos de telecomunicación. En exportaciones, la categoría dominante fue kilogramos, con 70,3 %, explicada sobre todo por hullas térmicas, ferroníquel, café, minerales de cobre y desechos de cobre; la segunda fue metros cúbicos, con 24,8 %, dominada casi completamente por el petróleo. En términos materiales, Colombia importó sobre todo aparatos, equipos y sistemas, y exportó sobre todo volumen físico y algunos bienes de alto valor específico, como las esmeraldas.
Principales conclusiones
La primera conclusión es que en 2025 el comercio bilateral entre Colombia y China ampliada se volvió más desequilibrado, no solo por la magnitud del déficit, sino por la configuración estructural que lo produjo. Colombia exportó menos e importó más, pero, sobre todo, lo hizo desde una base exportadora de menor densidad relativa que la base importadora china.
La segunda conclusión es que la principal debilidad del lado colombiano no radica únicamente en el bajo nivel de exportaciones, sino en su alta concentración. Pocos productos, principalmente de base minero-energética y metalúrgica, sostienen el grueso del flujo exportador. Cuando varios de ellos retroceden al mismo tiempo, el efecto sobre el balance agregado es inmediato.
La tercera conclusión es que la canasta importadora desde China ampliada es mucho más diversificada y resiliente. Su expansión no depende de uno o dos bienes, sino de una base amplia que abarca consumo tecnológico, electromovilidad, materiales industriales, energía solar, telecomunicaciones y bienes de capital. Esto vuelve mucho más difícil corregir el déficit únicamente por la vía del ajuste importador.
La cuarta conclusión es que el principal desequilibrio estructural del vínculo está en el componente no minero-energético. Mientras Colombia no logre escalar una oferta exportadora NME más amplia, estable y competitiva, el superávit parcial del componente ME seguirá siendo insuficiente para compensar la brecha global.
La quinta conclusión es que la relación bilateral avanzó más rápido en el plano político e institucional que en el económico-comercial. La Franja y la Ruta, la CIIE y las mesas de trabajo bilaterales ampliaron el marco político del vínculo, pero todavía no cambiaron la estructura efectiva del intercambio. En ese sentido, 2025 fue un año de creación de condiciones, no de reequilibrio comercial.
La sexta y última conclusión es que el comercio con China ya no puede interpretarse únicamente como una relación de compras baratas y ventas primarias. En 2025 quedó claro que China participa de manera creciente en sectores centrales para la economía colombiana —electromovilidad, conectividad, equipos eléctricos, materiales industriales— y que el desafío para Colombia no es solo exportar más, sino exportar de forma más diversa, más estable y con mayor densidad productiva.