Este informe presenta un análisis detallado de los perfiles comerciales de Colombia y China en el año 2025, estructurado en tres secciones principales: la primera enfocada en Colombia, la segunda en China. En cada sección nacional se abordan cinco aspectos clave: (1) perfil económico nacional (crecimiento del PIB, inflación, política monetaria, empleo y composición sectorial), (2) perfil comercial (principales exportaciones/importaciones, socios, balanza comercial, cadenas globales de valor), (3) comercio de servicios, (4) política comercial (aranceles, acuerdos, facilitación, incentivos/protección) y (5) inversión extranjera directa (sectores y evolución reciente). La información se basa en datos actualizados de 2024-2025 provenientes de fuentes oficiales y multilaterales (DANE, Banco de la República, FMI, OMC, Banco Mundial, etc.). Se incluyen tablas comparativas, gráficos ilustrativos, cifras precisas y referencias a fuentes oficiales, redactando en un tono intermedio entre técnico y divulgativo para facilitar la comprensión.
1. Perfil económico nacional
Crecimiento del PIB: La economía colombiana mostró una moderada recuperación en 2024 tras la fuerte desaceleración de 2023. El PIB creció 1,7% en 2024, por encima del exiguo 0,7% registrado en 2023, aunque lejos del dinamismo post-pandemia de 2021-2022[1]. Cabe recordar que en 2020 Colombia sufrió una contracción histórica cercana al -7% del PIB real por la pandemia, seguida de un rebote de dos dígitos en 2021 y un robusto 7,3% en 2022 impulsados por la reapertura económica y los altos precios internacionales de materias primas. Esta volatilidad se aprecia en la Gráfica 1: Colombia pasó de la drástica caída de 2020 a un rápido repunte, pero en 2023 su crecimiento prácticamente se estancó (0,7%) por la combinación de políticas monetarias restrictivas, menor consumo e inversión, y un entorno externo menos favorable[2]. Para 2025, analistas y autoridades proyectan una mejora (~2,5-2,7% de crecimiento) apoyada en la reducción de la inflación y una leve recuperación de la demanda[3].
Gráfica 1: Crecimiento real del PIB (% anual) de Colombia y China, 2019-2024.
Fuente: DANE; National Bureau of Statistics of China; elaboración propia.
Inflación y política monetaria: Tras la presión inflacionaria de 2022 (cuando el IPC anual superó 13%), Colombia logró una notable desinflación en 2023-2024. La inflación anual se redujo del 9,3% en 2023 al 5,2% en 2024[4], acercándose al rango meta del Banco de la República (3% +/- 1). Esta desaceleración de precios la realizo el Banco de la Republica a través de un Shock Volker, pasando del máximo de 13,25% a 9,25% en abril de 2025[5][6]. La autoridad monetaria adoptó una postura acomodaticia para estimular la economía, tras un periodo contractivo en 2022-2023 destinado a frenar la inflación. A inicios de 2025 la tasa se mantenía en 9,5%[7], con expectativa de nuevos recortes si la inflación converge a la meta (~5% proyectado para cierre de 2024, ~3% en 2025)[8]. El crédito y el consumo interno empezaron a repuntar ligeramente hacia fines de 2024 gracias a las tasas y la moderación de precios[9][10].
Empleo: El mercado laboral colombiano mostró señales La tasa de desempleo nacional cerró 2024 en torno al 10%, mejorando respecto al pico de ~15% observado durante la pandemia, pero aún elevada. Para agosto de 2025, el DANE reportó una tasa de desocupación de 8,6% a nivel nacional[11][12], reflejando la recuperación gradual del empleo. La tasa de ocupación alcanzó 58,4%[13], evidencia de una mayor participación laboral. Sin embargo, persisten brechas importantes entre zonas urbanas y rurales, y altos niveles de informalidad laboral (sobre el 55%). El modesto crecimiento económico reciente ha limitado la generación de empleo de calidad, por lo que el país aún no recupera plenamente las condiciones pre-pandemia. No obstante, la desaceleración inflacionaria y menores tasas de interés podrían impulsar un mayor dinamismo del empleo en 2025.
Composición sectorial del PIB: La estructura productiva de Colombia está soportada principalmente por las industrias extractivas y agricultura. En 2024 los sectores de mayor crecimiento fueron agropecuario (+8,1%), actividades artísticas (+8,1%) y administración pública (+4,2%), mientras que la explotación de minas y canteras se contrajo -5,2%, el de construcción un 7,2% y la industria manufacturera cayó -2,1%[14]. Esto refleja un desempeño dispar: por un lado, agricultura y algunos servicios impulsaron el PIB, pero la producción de petróleo/minería disminuyó significativamente, arrastrada por menores inversiones y políticas ambientales más estrictas. El comercio, transporte, alojamiento y servicios de comida crecieron 1,4%, y el sector financiero 0,4%[14]. En la composición del PIB, aproximadamente 59% corresponde a servicios, 32% a industria (manufacturas 12% y extractivas ~8% del PIB, construcción 6% aprox.), y cerca de 9% a la agricultura[15]. Esta distribución muestra que Colombia es primariamente una economía de servicios, aunque recursos naturales como petróleo, carbón y café siguen siendo pilares de actividad y exportaciones. La lenta expansión de 2024 (1,7%) confirmó la debilidad de sectores industriales y la dependencia de unos pocos motores (agro y gasto público) para crecer[16]. Para 2025 se espera una recuperación moderada de la industria manufacturera y la construcción, apoyadas en tasas de interés más bajas, mientras que el sector minero-energético enfrenta incertidumbre por la transición energética.
2. Perfil comercial (bienes)
Apertura comercial y balanza: Colombia es una economía medianamente abierta cuyo comercio exterior ha representado históricamente entre 30% y 40% del PIB. En 2024, las exportaciones totales de bienes ascendieron a US$44.334,9 millones y las importaciones a US$62.845,1 millones, resultando en un déficit comercial de mercancías de aproximadamente US$18.500 millones[17][18]. Esta brecha comercial ha sido una constante, dado que Colombia típicamente importa más bienes de los que exporta. No obstante, el déficit de 2024 se redujo ligeramente respecto a 2022-2023 debido a una moderación de las importaciones (crecieron poco por la desaceleración económica) y a precios favorables en algunas exportaciones tradicionales. La balanza comercial negativa refleja la estructura exportadora concentrada en commodities de relativo bajo valor agregado, frente a una canasta importadora dominada por manufacturas y bienes de capital.
Principales productos de exportación: La oferta exportable colombiana está liderada por productos primarios. En 2024 destacaron el petróleo crudo (25,2% del valor total exportado, ~US$11.151 millones) como el principal rubro, seguido del carbón mineral (12,4%, ~US$5.506 millones)[19]. Otros productos clave fueron oro no monetario (6,8%), café sin tostar (6,7%) y derivados del petróleo como aceites refinados (5,2%)[20][21]. También sobresalen las flores frescas (2,8%) – Colombia es uno de los mayores exportadores mundiales de flores de corte – y la coke de petróleo/carbono (2,3%)[22][23]. En conjunto, combustibles (petróleo y carbón) representaron cerca del 40% de las ventas externas, evidenciando la dependencia en recursos naturales. Los productos agrícolas (café, flores, banano, azúcar) y agroindustriales aportan alrededor de otro 20%. Las manufacturas tienen una presencia menor en la canasta exportadora, limitada principalmente a químicos, algunos alimentos procesados, y recientemente vehículos y autopartes hacia la región. Esta concentración vuelve vulnerable la balanza exportadora a choques de precios internacionales (por ejemplo, volatilidad del petróleo) y a tendencias globales (p. ej., transición energética que podría reducir la demanda de combustibles fósiles a mediano plazo).
Gráfica 2: Participación de los principales productos en las exportaciones totales de Colombia, 2024 (% del valor exportado).
Fuente: DANE; DIAN; Ministerio de Comercio, Industria y Turismo; elaboración propia.
Principales productos de importación: Colombia importa fundamentalmente bienes manufacturados de media y alta tecnología, insumos industriales y alimentos que complementan la producción local. En 2024, entre las principales importaciones por valor estuvieron: combustibles refinados (gasolinas y otros “light oils”, 4,4% del total importado, ~US$2.790 millones)[24], medicamentos preparados (2,9%), teléfonos celulares (2,8%, ~US$1.732 millones)[25][26], maíz amarillo para consumo (2,5%), otros derivados de petróleo (2,2%) y gas natural licuado (1,5%)[27][28]. Asimismo, figuran los vehículos automóviles (automóviles de turismo, 1,5%) y bienes de capital como computadores portátiles (1,3%)[28][29]. En general, la importación de maquinaria, equipos de transporte, químicos, insumos agrícolas (granos) y bienes de consumo duradero es significativa. Esta estructura importadora refleja la necesidad de abastecer al mercado interno de bienes que no se producen localmente en cantidad suficiente (por ejemplo, maquinaria pesada, tecnología) o en los que Colombia no es competitivo (ej. cereales temperados). Cerca de la mitad de las importaciones totales son materias primas y bienes intermedios utilizados por la industria y el agro nacionales, lo que muestra cierta integración en cadenas globales: la manufactura local depende de insumos importados (químicos, autopartes, textiles, etc.), aunque la inserción de Colombia en cadenas globales de valor (CGV) es limitada en los eslabones de mayor complejidad. El país tiende a participar como proveedor de materias primas o manufacturas básicas y como comprador de bienes de capital y tecnología, posicionándose en tramos de menor valor agregado dentro de las CGV.
Socios comerciales: Estados Unidos y China encabezan la lista de socios comerciales de Colombia, reflejando su importancia geopolítica. En 2024, Estados Unidos fue el destino del 29,5% de las exportaciones colombianas (US$13.074 millones) y origen del 26,2% de las importaciones (US$16.465 millones)[30][31]. Es decir, cerca de un tercio del comercio de bienes de Colombia es con EE.UU., gracias al TLC bilateral vigente desde 2012. China es el segundo socio principal: representó aprox. 25% de las importaciones (US$15.936 millones, sobre todo maquinaria, electrónicos y químicos)[32], mientras que absorbe cerca del 4,8% de las exportaciones colombianas (US$2.149 millones, principalmente commodities como petróleo, ferroníquel y café)[33]. La Unión Europea en conjunto es también un mercado clave (10,4% de las exportaciones, destacando ventas de banano, café, flores y minerales; y 13,5% de las importaciones)[34][35]. En el ámbito regional, Panamá aparece sorprendentemente como tercer destino de exportación (8,6%)[36], aunque en gran medida se debe a reexportaciones y la utilización de la Zona Libre de Colón. También se destacan India (5,6% de las exportaciones, principalmente carbón)[37], Brasil, México, Ecuador y Perú (cada uno 3-4% de exportaciones, dentro de la integración latinoamericana)[38][39]. En importaciones, después de EE.UU. y China, sobresalen proveedores como Brasil (5,3%), México (5,2%), India, Japón, Canadá, Vietnam y Corea del Sur (cada uno con 1,5–2,5% del total)[40][41]. Esto evidencia que Colombia se abastece de manufacturas de vecinos regionales (México, Brasil) así como de potencias asiáticas y Norteamérica. La diversificación de mercados sigue siendo un reto: más del 55% de las exportaciones dependen de EE.UU. y la UE+UK; y en importaciones, la mitad proviene de EE.UU. y China[31][34]. Una oportunidad estratégica es profundizar lazos comerciales con Asia-Pacífico (aprovechando la Alianza del Pacífico) para ampliar destinos de exportación más allá de los tradicionales.
Inserción en cadenas globales de valor: Colombia tiene una participación aún incipiente en las cadenas globales de valor, sobre todo comparada con economías asiáticas. Su aporte tiende a concentrarse en eslabones iniciales (extracción de materias primas) o finales básicos (ensamble simple o maquila). Por ejemplo, en sectores como automotriz o electrónicos, la presencia colombiana es marginal; mientras que en alimentos procesados o químicos básicos hay alguna integración (importando insumos, transformándolos localmente y exportando productos finales a la región). El país busca mejorar esta inserción mediante iniciativas de nearshoring, atrayendo inversiones que quieran relocalizar manufactura desde Asia hacia América. Dado su acceso preferencial a EE.UU. y otros mercados, Colombia podría integrarse en sub-cadenas regionales (por ejemplo, proveer autopartes o textiles a fabricantes en México/EE.UU.). Sin embargo, para lograrlo debe mejorar competitividad en logística e infraestructura, y desarrollar mano de obra calificada. Por ahora, la estructura comercial descrita (commodities vs. bienes industriales importados) revela que Colombia capta una proporción limitada del valor agregado global en los productos que comercia, permaneciendo en segmentos de menor complejidad tecnológica dentro de las CGV.
3. Comercio de servicios
El comercio internacional de servicios de Colombia ha cobrado importancia creciente en los últimos años, aunque el país tradicionalmente ha sido importador neto de servicios. En 2024 el valor de las exportaciones de servicios alcanzó unos US$17.780 millones, con un crecimiento de 10,9% respecto a 2023[42], de acuerdo con estadísticas oficiales recopiladas por la Comunidad Andina. Por su parte, las importaciones de servicios fueron US$18.386 millones en 2024, aumentando 8,2%[43]. Estas cifras implican un déficit modesto en la balanza de servicios (aprox. US$606 millones), significativamente menor al promedio histórico. De hecho, el balance neto de servicios llegó a ser apenas -0,3% del PIB en el segundo trimestre de 2024, muy por debajo del promedio de -1,3% del PIB observado en las dos décadas anteriores[44]. Es decir, Colombia está cerca del equilibrio en comercio de servicios, algo inusual ya que históricamente presentaba déficits importantes por conceptos como turismo y servicios financieros.
Los servicios exportados por Colombia se han diversificado y sofisticado paulatinamente. Según el Banco de la República, en el segundo trimestre de 2024 las exportaciones de servicios sumaron US$4.043 millones (4,2% del PIB trimestral)[45]. Los rubros tradicionales de mayor ingreso siguen siendo viajes (turismo) y transporte, aprovechando atractivos turísticos (p.ej., ecoturismo, cultura) y la posición geográfica para servicios logísticos regionales. Sin embargo, en las últimas dos décadas han ganado participación servicios más especializados: servicios empresariales, telecomunicaciones, propiedad intelectual, financieros y de pensiones pasaron de representar 18,5% a 33,4% de las ventas externas de servicios de Colombia[46]. Este aumento de servicios de alto valor agregado (consultoría, software/TI, BPO, audiovisuales) no ha sido a costa de los tradicionales, que también crecieron, sino que refleja la expansión del sector de servicios modernos. Por ejemplo, Colombia exporta software y servicios de TI, servicios de back-office (centros de llamadas, soporte técnico) para empresas internacionales, así como servicios creativos (música, audiovisual) con alcance regional.
En cuanto a importaciones de servicios, Colombia continúa demandando principalmente: servicios de viajes al exterior (turismo de colombianos fuera del país, que con la reapertura post-Covid volvió a aumentar), transporte internacional de mercancías y personas, servicios empresariales y profesionales (consultorías, regalías por uso de patentes/marcas, asesorías especializadas contratadas con firmas extranjeras), y servicios de TIC (licencias de software, servicios en la nube provistos desde el exterior). En 2024, los mayores incrementos se dieron en importaciones de servicios de viajes (+12,5%), contribuyendo en 3,3 puntos al crecimiento de las importaciones totales de servicios de la CAN, así como en servicios de transporte[47][48]. Al desagregar, cerca del 30% del gasto en servicios importados correspondió a transporte internacional, 28% a viajes (turismo saliente), y el resto a “otros servicios empresariales” (servicios profesionales, financieros, uso de propiedad intelectual, telecomunicaciones, etc.)[48].
Gráfica 3. Comercio internacional de servicios de Colombia, 2023–2024 (US$ millones).
Fuente: Comunidad Andina; Banco de la República; elaboración propia.
En suma, Colombia muestra un perfil de comercio de servicios en transición: continúa teniendo salidas importantes de divisas por turismo emisivo y servicios financieros/propiedad intelectual (pagos a empresas extranjeras), pero ha fortalecido sus exportaciones de servicios modernos hasta representar aproximadamente 25% del total de sus exportaciones (bienes+servicios)[49][50]. Este desarrollo es crucial para reducir la dependencia de los bienes básicos. Los expertos señalan que para consolidar esta tendencia el país debe impulsar aún más las exportaciones de servicios basados en conocimiento (software, consultoría, servicios creativos) aprovechando el capital humano bilingüe y la zona horaria conveniente, y cerrar brechas de infraestructura digital que obstaculizan mayor crecimiento en este sector.
4. Política comercial
Aranceles y estructura arancelaria: La política arancelaria colombiana se caracteriza por aranceles relativamente bajos en promedio, fruto de años de liberalización comercial, aunque con picos arancelarios en algunos sectores sensibles. El arancel NMF (Nación Más Favorecida) simple promedio aplicado por Colombia en 2025 es de 6,8%[51]. No obstante, existe una marcada diferencia entre bienes industriales vs. agrícolas: los aranceles a productos industriales son generalmente bajos (muchos entre 0-10%), mientras que ciertos productos agropecuarios están protegidos con aranceles más altos o sistemas de franja de precios (por ejemplo, lácteos, azúcar) para apoyar a productores locales. El país ha reducido drásticamente sus aranceles desde los años 90; para contexto, su arancel promedio consolidado ante la OMC es 41% (techo máximo), pero el aplicado es 6,8% con más de 50% de las líneas arancelarias libres de arancel[52][53]. Esto indica que la mitad de los productos pueden ingresar sin pago de derechos (duty-free) gracias a acuerdos comerciales o unilateralmente. Además, el promedio arancelario ponderado por comercio es solo ~6,5%[54], reflejando que los bienes que más importa Colombia suelen tener tarifas bajas (maquinaria, insumos). En 2020-2023 el gobierno implementó reducciones arancelarias unilaterales a bienes de capital e insumos no producidos localmente, para abaratar costos productivos. No obstante, mantiene medidas de protección a sectores como textiles/confecciones y calzado debido a la competencia asiática. En 2024 el arancel máximo aplicado rondaba 40% para productos como prendas de vestir, mientras que bienes de informática y telecomunicaciones gozan de 0% por acuerdos como el ITA. En resumen, Colombia tiene una estructura arancelaria moderada y en línea con estándares OMC, combinando liberalización amplia con excepciones para sectores vulnerables.
Acuerdos comerciales internacionales: Colombia ha sido activa en la firma de tratados de libre comercio (TLC) y acuerdos comerciales, lo que ha configurado una amplia red que cubre gran parte de su comercio. Entre los acuerdos más importantes destacan el TLC con Estados Unidos (en vigor desde 2012), el Acuerdo Comercial con la Unión Europea (en vigor desde 2013), el Acuerdo con la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA), y tratados bilaterales con países de Asia-Pacífico como Corea del Sur. A nivel regional, Colombia es miembro de la Comunidad Andina (CAN) junto con Perú, Ecuador y Bolivia, con libre comercio intrarregional desde hace décadas. También integra la Alianza del Pacífico (con Chile, Perú y México), que busca la integración profunda de bienes, servicios, capitales y personas entre estos mercados. Cabe mencionar que Colombia tiene acuerdos con varios países de Centroamérica, Canadá, Mercosur (como Estado Asociado), Israel, Reino Unido (post-Brexit), entre otros. En total, sus acuerdos vigentes le dan acceso preferencial a más de 60 países. Esta estrategia de apertura mediante TLC ha facilitado que aprox. 92% de las exportaciones colombianas tengan entrada preferencial (libre de arancel o con arancel reducido) a sus destinos[55][30]. En 2024 y 2025, Colombia explora nuevos frentes: por ejemplo, acercamientos a la región Asia-Pacífico (ha expresado interés en el Acuerdo Amplio y Progresista de Asociación Transpacífico o por sus siglas en ingles CPTPP) y potenciales acuerdos con países como Japón o los Emiratos Árabes. La política comercial colombiana, por tanto, se basa en el multilateralismo (OMC) y una red de acuerdos bilaterales/multiraterales para facilitar el comercio e inversiones.
Facilitación del comercio: Colombia ha avanzado en la agenda de facilitación derivada del Acuerdo de Facilitación de la OMC. Implementó la Ventanilla Única de Comercio Exterior (VUCE) que digitaliza trámites de exportación e importación, reduciendo tiempos y costos para los operadores. La aduana colombiana (DIAN) ha adoptado sistemas de gestión de riesgo para inspecciones, permitiendo despachos más ágiles a empresas confiables. Existen programas de Operador Económico Autorizado (OEA) que certifican a compañías con altos estándares de seguridad en la cadena logística, otorgándoles procedimientos expeditos. Asimismo, se han simplificado regímenes especiales como el Plan Vallejo, un mecanismo tradicional de fomento que permite importar insumos con exención arancelaria a cambio de exportar el producto final. En 2023-2024 se fortalecieron las zonas francas con medidas de flexibilización para que puedan vender más fácilmente al mercado interno un porcentaje de su producción, incentivando a que más empresas exportadoras se instalen en ellas. Según indicadores internacionales, Colombia ha mejorado su desempeño en logística comercial: por ejemplo, ocupa puestos intermedios en el Índice de Desempeño Logístico del Banco Mundial, destacando en facilidad para organizar envíos internacionales. No obstante, persisten retos en infraestructura portuaria (ej. Puerto de Buenaventura con problemas de capacidad) y costos de transporte interno elevados (geografía compleja y rezagos viales) que encarecen la colocación de productos en mercados externos. En 2024, el gobierno lanzó iniciativas para simplificar procedimientos aduaneros y uso de firmas electrónicas, buscando alinearse con estándares de la OCDE y la Alianza del Pacífico en ventanillas integradas.
Programas de incentivo y protección: Colombia combina instrumentos para promover exportaciones y proteger sectores estratégicos. En promoción, además del mencionado Plan Vallejo, existe un esquema amplio de devolución de impuestos (drawback) y exención de IVA a exportadores, garantizando que los exportadores reciban de vuelta el IVA pagado en insumos nacionales, manteniendo su competitividad en precios internacionales. La agencia de promoción ProColombia impulsa la oferta exportable no tradicional mediante asistencia a empresas en ferias, ruedas de negocio y estudios de mercado. Asimismo, los miembros de la CENIRED (Centros de Investigación y Desarrollo Tecnológico) participan activamente mediante apoyo técnico especializado, transferencia de conocimiento y fortalecimiento de capacidades productivas para que sectores estratégicos integren estándares internacionales y eleven su sofisticación exportadora. Se han desarrollado programas sectoriales como “Fábricas de Internacionalización” que capacitan PYMEs para exportar.
Por el lado de la protección, además de aranceles puntuales mencionados, Colombia aplica medidas antidumping y salvaguardias cuando se detecta competencia desleal o importaciones súbitas: por ejemplo, ha impuesto derechos antidumping a ciertos aceros chinos, textiles, y en 2020 aplicó salvaguardia bilateral a prendas importadas de Panamá. Un programa reciente es el “Colombia Compra Eficiente”, que busca dar preferencia a proveedores locales en contratos del Estado, fomentando demanda interna para industrias nacionales dentro del marco permitido por la OMC. También se mantienen precios de referencia y controles sanitarios estrictos a importaciones agropecuarias para proteger la sanidad local (fito y zoosanitarios). En síntesis, la política comercial colombiana actual equilibra la apertura —que ha traído aranceles bajos y numerosos TLC— con medidas focalizadas de defensa comercial e incentivos a exportadores, reconociendo la necesidad de fortalecer sectores para competir globalmente.
5. Inversión extranjera directa (IED)
La inversión extranjera directa ha desempeñado un rol crucial en la economía colombiana, especialmente en sectores de recursos naturales y servicios. En 2024, los flujos de IED hacia Colombia sufrieron una caída notable del -17,6%, alcanzando US$10.808 millones (frente a ~US$13.100 millones en 2023)[56]. Este fue el nivel más bajo desde la pandemia, atribuido a desafíos tanto globales (mayores tasas de interés internacionales, menor apetito de inversión en mercados emergentes) como locales (incertidumbre regulatoria y fiscal, y menor dinamismo económico). La balanza cambiaria del Banco de la República confirmó salidas netas de capital en varios meses de 2024 y una tendencia negativa en nuevos flujos durante nueve meses consecutivos[57]. Diciembre 2024, mes típicamente fuerte, registró una baja de 6% interanual en IED (US$839 millones)[58]. A pesar de ello, en el cuarto trimestre de 2024 hubo un repunte: la IED fue US$895 millones mayor que en el 4T 2023, señal de cierta recuperación hacia fin de año[59].
Sectores de destino: La IED en Colombia se concentra en pocos sectores tradicionales, con el sector minero-energético como principal receptor histórico. En 2024 este sector (petróleo, gas y minería) siguió representando aproximadamente 72% del total de IED recibida[60][61], aunque registró caídas importantes. De hecho, la IED hacia hidrocarburos y minería se contrajo -24,6% en 2024 [62]. No se firmaron nuevos contratos de exploración durante el año, lo cual mermó la confianza inversionista en este rubro. Aún así, compañías como Ecopetrol anunciaron planes de inversión sustanciales (hasta COP 28 billones) que podrían mejorar el panorama en 2025[63]. Tras minero-energético, servicios financieros y empresariales captaron una porción creciente de IED. Según el Banco de la República, en el acumulado de 2024 las mayores destinaciones de IED fueron: servicios financieros y empresariales (US$4.395 millones), seguido de petróleo y minería (US$3.589 millones), manufacturas (US$1.974 millones) y comercio, restaurantes y hoteles (US$1.814 millones)[64]. Es destacable que, a pesar de la caída global, los servicios superaron a la minería en nuevos flujos de IED en 2024, reflejando inversiones en banca, fintech, telecomunicaciones, BPO y otros servicios corporativos. La industria manufacturera también recibió montos significativos (aprox. 14% del total), especialmente en alimentos, bebidas, químicos y materiales de construcción, aunque bajaron respecto a 2023 (el sector manufacturero atrajo US$993 millones menos que el año anterior)[65]. Otros sectores notables incluyen transporte y comunicaciones, que redujeron entradas en US$718 millones vs 2023[65], y el sector inmobiliario que tradicionalmente ha sido importante (hoteles, oficinas, vivienda) pero se vio afectado por tasas altas.
Gráfica 4. Distribución sectorial de la Inversión Extranjera Directa (IED) en Colombia, 2024 (US$ millones).
Fuente: Banco de la República; elaboración propia.
Origen de la IED: Los principales países inversores en Colombia en 2024 fueron Estados Unidos (US$5.508 millones) y España (US$2.793 millones), seguidos por flujos significativos provenientes de jurisdicciones financieras como Anguila (US$1.580 millones) y Panamá (US$1.199 millones)[66]. Estas cifras indican que una parte de la inversión se canaliza vía centros financieros offshore (Anguila, Panamá) que pueden incluir capital colombiano re-ingresado o inversiones de terceros países estructuradas fiscalmente. Otros inversores destacados fueron Suiza (US$575 millones)[66], y tradicionalmente han sido importantes Chile, Canadá, Reino Unido y México en ciertas industrias. En conjunto, Norteamérica y Europa occidental componen la mayor parte de la IED acumulada, si bien en años recientes ha crecido la inversión de Asia (por ejemplo, empresas chinas en minería y construcción, aunque desde 2022 se ha moderado). Cabe mencionar que, en términos regionales, Colombia ha quedado rezagada: su flujo de IED en 2023-2024 fue inferior en más de 20% al promedio de Brasil, México, Chile y Perú, según análisis de Corficolombiana[67]. Esta brecha equivale a inversión no recibida por valor de ~3,1% del PIB, lo que impacta el potencial de crecimiento de mediano plazo[68].
Evolución reciente y perspectivas: La marcada caída de la IED en 2024 encendió alarmas, interpretándose como señal de deterioro en la confianza inversionista. Analistas atribuyen esta contracción a factores como la incertidumbre jurídica y tributaria, reformas regulatorias en energía)[69], además del enfriamiento económico. La tasa de inversión interna (formación bruta de capital fijo) bajó a solo 16,4% del PIB en 2023 –mínimo en 20 años– y apenas subió a 17,1% en 2024[70], niveles insuficientes para un crecimiento robusto y que comprometen la renovación de capital productivo. Hacia el futuro, se vislumbran algunos factores positivos: los planes de nearshoring podrían canalizar flujos hacia manufactura y tecnología, aprovechando la cercanía a EE.UU. y la mano de obra calificada local. Sectores con oportunidades de crecimiento en IED incluyen energías renovables (donde inversionistas extranjeros han mostrado interés en proyectos solar/eólico), tecnología (startups de fintech, e-commerce con capital de VC internacional) y minerales estratégicos para la transición energética (cobre, litio en exploración). No obstante, capitalizar estas oportunidades requiere mejorar la seguridad jurídica, la infraestructura y agilizar trámites. El Gobierno ha expresado intención de atraer más IED de calidad –por ejemplo, a través de exenciones fiscales a inversiones que generen alto empleo o transfieran tecnología–. En 2025, de mantenerse la inflación baja y cierta estabilidad política, es plausible un repunte moderado de la IED (proyecciones privadas la sitúan alrededor de US$12-13 mil millones) apoyado en mejores expectativas macroeconómicas y proyectos específicos en energías y transporte. Aun así, la experiencia reciente subraya la necesidad de fortalecer las ventajas comparativas de Colombia como destino de IED (estabilidad, acceso a mercados, talento) para revertir la caída y aprovechar su posición estratégica en la región.
1. Perfil económico nacional
Tamaño y crecimiento del PIB: China es la segunda economía mundial (PIB nominal ~US$18 billones en 2024) y continuó expandiéndose a un ritmo robusto, aunque moderado en los últimos años. En 2024, el PIB de China creció 5,0%[71], cumpliendo con la meta oficial de “alrededor de 5%” y consolidando la recuperación tras la pandemia. Entre 2020 y 2024, el crecimiento promedio fue ~4,9% anual[73] – un nivel inferior al de las décadas previas, reflejo de la transición hacia un crecimiento de “alta calidad” más que de “alta velocidad”. Por trimestres, 2024 mostró cierta aceleración: el PIB creció 5,3% interanual en T1, 4,7% en T2, 4,6% en T3 y repuntó a 5,4% en T4[74], indicando un impulso mayor a finales de año gracias a medidas de estímulo. La Gráfica 1 (arriba) ilustra que la trayectoria china ha sido mucho más estable que la de Colombia, con crecimientos positivos incluso en 2020 (+2,3%) cuando la mayoría de las economías se contrajeron, y un fuerte rebote de 8,4% en 2021. La moderación hacia el entorno 5% anual obedece a factores estructurales: envejecimiento poblacional, menores rendimientos marginales de inversión y reequilibrio hacia consumo interno.
Gráfica 5. Crecimiento interanual del PIB de China por trimestre, 2024 (%).
Fuente: National Bureau of Statistics of China; elaboración propia.
Inflación: A diferencia de muchas economías occidentales, China no experimentó fuertes presiones inflacionarias recientes; por el contrario, ha rondado escenarios de muy baja inflación e incluso riesgo de deflación. En 2024 el índice de precios al consumidor (IPC) aumentó apenas +0,2% anual[75], indicando precios prácticamente estables en el agregado. Este nivel está muy por debajo del objetivo oficial (~3%) y fue influido por precios de alimentos contenidos y caídas en bienes como combustibles y vivienda. De hecho, rubros como transporte y comunicaciones bajaron -1,9% y alimentos se abarataron ligeramente (-0,1%), compensando alzas modestas en otros (vestido +1,4%, educación +1,5%)[75]. La inflación subyacente (excluyendo alimentos y energía) fue 0,5%. Asimismo, los precios al productor (PPI) continuaron en terreno negativo (-2,2% en promedio 2024)[76]. Esta situación de inflación muy baja reflejó una demanda interna algo tibia y choques específicos (p.ej., caída de precios de cerdo tras sobreoferta). En 2023, China incluso tuvo meses de inflación negativa.
Política monetaria: El entorno de inflación contenida le permitió al Banco Popular de China (PBoC) aplicar estímulos monetarios para apuntalar el crecimiento. A diferencia de la mayoría de los bancos centrales que subieron tasas en 2022-2023, el PBoC recortó sus tipos de interés de referencia. Por ejemplo, redujo el Loan Prime Rate (LPR) a 1 año de 3,65% a 3,45% (ago/2023) y nuevamente a 3,30% a inicios de 2024[78][79], y bajó el LPR a 5 años (referencial para hipotecas) en 25 pb a 4,2% para impulsar el sector inmobiliario[78]. También recortó la tasa repo a 7 días (instrumento de liquidez de corto plazo) de 2,0% a 1,7%[80], inyectando liquidez. Adicionalmente, efectuó rebajas en el coeficiente de reservas obligatorias (RRR) de los bancos, liberando fondos para crédito. Estas medidas de flexibilización se dieron en un contexto de crecimiento moderado y tensiones en el sector inmobiliario que requerían apoyo financiero. La política monetaria china mantiene un tono acomodaticio: a octubre de 2025 la tasa repo 7d estaba en 1,55% y el PBoC ha indicado disposición a seguir apoyando la economía dada la ausencia de presiones inflacionarias significativas[81][82]. Cabe destacar que China tiene más margen para estímulo monetario comparado con otros países, pero debe balancearlo con prevenir excesivo apalancamiento.
Empleo: El mercado laboral urbano de China se ha mantenido relativamente estable. En 2024, la tasa de desempleo urbano encuestada promedió 5,1%, levemente inferior al 5,2% de 2023[83]. A diciembre 2024 se ubicó exactamente en 5,1%[84], señal de estabilidad. Este indicador, que cubre principalmente áreas urbanas, está dentro del rango objetivo (el gobierno usualmente busca mantenerla por debajo de ~5.5%). Sin embargo, un dato preocupante en 2023 fue el alto desempleo juvenil (que superó 20% para edades 16-24), al punto que las autoridades suspendieron su publicación a mediados de ese año. Este fenómeno responde a la desaceleración en contratación por empresas tecnológicas e inmobiliarias, afectando a graduados recientes. Por otra parte, en 2024 la población ocupada total se mantuvo en torno a ≈750 millones de trabajadores, con la creación de 55,5 millones de nuevos empleos urbanos entre 2020 y 2024[85]. La migración del campo a la ciudad continúa: el número de trabajadores migrantes rurales alcanzó 299,7 millones en 2024 (0,7% más que 2023)[86]. La estabilidad general del empleo refleja los esfuerzos oficiales por reubicar mano de obra de sectores en contracción (como construcción e inmobiliario) hacia sectores en crecimiento (servicios, manufacturas avanzadas). La productividad laboral ha seguido aumentando, aunque la desaceleración económica implica que el empleo crece más lentamente que antes.
Composición sectorial del PIB: China ha evolucionado hacia una economía dominada por los servicios, aunque la industria manufacturera aún tiene un peso enorme. En 2024, el PIB alcanzó 134,9 billones de yuanes (US$~19 billones) distribuido así: 56,7% sector terciario (servicios), 36,5% sector secundario (industria y construcción) y 6,8% sector primario (agricultura)[71]. El sector servicios creció 5,0% en 2024, en línea con el PIB, impulsado por ramas como informática y software (+10,9%), servicios de negocios (+10,4%), transporte y almacenamiento (+7,0%), alojamiento y catering (+6,4%) y financieros (+5,6%)[88]. Esto evidencia fuerte dinamismo en servicios modernos (tecnológicos, corporativos) apoyados por la digitalización, mientras servicios tradicionales (comercio minorista, restaurantes) también rebotaron postpandemia. La industria (sector secundario) creció 5,3%, con la manufactura acelerando a +6,1%[89]. Dentro de ésta, destacó la manufactura de equipo (+7,7%) y la alta tecnología (+8,9%), sectores priorizados por las políticas industriales chinas[90]. De hecho, la producción de vehículos de nueva energía aumentó +38,7% y la de robots industriales +14,2% en 2024[91], reflejando la apuesta por industrias emergentes. La minería, en cambio, creció solo +3,1%. La construcción se sostuvo gracias a obra pública, contrarrestando la debilidad inmobiliaria. En el sector agrícola (3,5% de crecimiento), China logró una cosecha récord de 707 millones de toneladas de granos (+1,6%) en 2024[92], manteniendo la seguridad alimentaria. En síntesis, la economía china de 2024 muestra una composición diversificada: servicios de alto valor ganando participación, manufactura ascendiendo en la escala tecnológica, y la agricultura incrementando eficiencia. Este patrón concuerda con la estrategia de “crecimiento de alta calidad”, que busca depender menos de industrias contaminantes y más de innovación y consumo interno. Aun así, la industria pesada y tradicional (acero, cemento) sigue siendo grande, y la construcción/inmobiliario –aunque golpeada– representa alrededor del 25% del PIB si se considera su cadena de valor. El reto es seguir migrando hacia servicios y manufacturas avanzadas sin provocar desbalances graves en empleo regional ni endeudamiento.
2. Perfil comercial (bienes)
Volumen comercial y balanza: China es el principal comerciante de bienes del mundo. En 2024 su comercio exterior marcó récords históricos, con un valor total de exportaciones de ¥25,45 billones de yuanes y de importaciones ¥18,39 billones[93]. En dólares, esto equivale aproximadamente a US$3,55 billones exportados y US$2,56 billones importados, resultando en un superávit comercial gigantesco cercano a US$990 mil millones (el mayor a nivel global)[93]. Las exportaciones crecieron +7,1% en 2024, acelerándose respecto a 2023, mientras las importaciones subieron solo +2,3%[93]. Esta diferencia amplió aún más la brecha exportadora. La resiliencia exportadora china se atribuye a su capacidad de ganar cuota de mercado en rubros como maquinaria, equipos médicos y vehículos eléctricos, incluso en un entorno de demanda mundial moderada. La mitad de su comercio se realiza ya con países de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (Belt and Road), cuyo intercambio con China creció 6,4% en 2024[94]. La balanza comercial de bienes de China ha sido estructuralmente superavitaria por casi tres décadas (salvo breves pausas), financiando la acumulación de reservas internacionales. Este excedente se explica porque China es fábrica del mundo: exporta masivamente manufacturas de alto volumen, mientras sus importaciones –aunque grandes en valor absoluto– se componen en buena parte de materias primas y componentes que integran sus exportaciones. Cabe señalar que el superávit se concentra con ciertos socios (EE.UU., Europa), mientras tiene déficits con proveedores de insumos (Asia, commodity exporters). En 2024, la fortaleza comercial fue tal que compensó flujos de capital salientes, contribuyendo a un superávit en cuenta corriente de alrededor de 2% del PIB.
Gráfica 6. Comercio exterior de bienes de China, 2024 (billones de US$).
Fuente: Administración General de Aduanas de China; elaboración propia.
Principales productos de exportación: China exporta una amplísima variedad de bienes, dominada por manufacturas industriales. Cerca de 59,4% de sus exportaciones en 2024 fueron productos mecánicos y eléctricos[95] – rubro que abarca desde teléfonos celulares, computadores y circuitos integrados hasta maquinaria pesada y electrodomésticos. De hecho, las exportaciones de maquinaria y electrónica alcanzaron un récord de US$2,1 billones en 2024, creciendo 7,5% y consolidando a China como proveedor líder mundial en alta tecnología[96][97]. Entre los productos individuales más exportados destacan: teléfonos móviles y dispositivos de telecom (primer rubro), computadoras y laptops, circuitos integrados (chips), vehículos automóviles (particularmente vehículos eléctricos) y baterías eléctricas[98]. Estos cinco grupos sumados constituyeron alrededor del 18% de las ventas externas[99]. Otros sectores de exportación relevantes incluyen: equipos eléctricos (motores, generadores), maquinaria industrial (reactores, herramientas), equipos médicos y ópticos, muebles y artículos del hogar, textiles y prendas de vestir, juguetes y productos químicos. Por ejemplo, en 2024 exportó ~US$928.000 millones en equipamiento eléctrico (26% del total) y US$568.000 millones en maquinaria incl. computadoras (16%)[100][101]. También hubo un auge en exportación de vehículos (+12% anual, superando US$200.000 millones)[102][103], con China ya compitiendo por ser el mayor exportador automotor del mundo (impulsado por autos eléctricos y de combustión a precio competitivo). Los bienes de consumo tradicionales como textiles, calzado, juguetes se mantienen en el top 10 pero con menor peso relativo que décadas atrás, ya que la canasta exportadora se ha movido hacia bienes de mayor complejidad. Esta diversificación y escalamiento tecnológico de las exportaciones muestran la exitosa inserción de China en cadenas globales de valor de tecnología media-alta: el país ensambla y cada vez más diseña productos electrónicos, vehículos y maquinaria que se venden globalmente. Por supuesto, muchos de esos productos incluyen componentes importados, pero la estrategia “Made in China” ha sido ir sustituyendo importaciones de partes críticas (chips, etc.) para capturar más valor interno.
Principales productos de importación: Dado su rol como manufacturero global y su enorme población, China importa volúmenes colosales de insumos, energía y alimentos. El principal rubro de importación son los circuitos integrados (semiconductores), esenciales para su industria electrónica, con importaciones cercanas a US$400.000 millones anuales en los últimos años. Le siguen los recursos energéticos: China es el mayor importador mundial de petróleo crudo (compra ~11 millones de barriles diarios, gastando del orden de US$300.000 millones al año) y también importa grandes cantidades de gas natural licuado y carbón para satisfacer su demanda energética. Otro rubro crucial son los minerales y metales: por ejemplo, es el mayor importador de mineral de hierro (lo adquiere de Australia, Brasil, para su industria siderúrgica), cobre, bauxita, níquel y otros minerales estratégicos. En 2024, con la recuperación manufacturera, crecieron importaciones de insumos industriales. China también depende del exterior para ciertos productos agrícolas: es el primer importador global de soja (grano básico para alimentación animal y producción de aceite, principalmente desde Brasil y EE.UU.), así como de maíz, cebada y algodón. Importa además carne y lácteos en volúmenes crecientes para complementar su producción interna. En el lado de manufacturas, China importa componentes de alta tecnología que aún no produce localmente (ej. algunos chips avanzados, maquinaria especializada, aviones comerciales) y bienes de consumo de lujo para su mercado interno. Sin embargo, tras décadas de política de sustitución, la propensión a importar bienes manufacturados finales es baja – muchos productos de consumo (desde electrodomésticos hasta smartphones) los provee la industria doméstica. Así, la canasta importadora china revela su papel en las CGV como transformador: ingresa materias primas (energía, minerales, agro) y componentes intermedios (chips, partes) y exporta bienes terminados. Esto la hace vulnerable a precios internacionales de commodities y a restricciones externas en tecnología (por ejemplo, los controles de EE.UU. a la exportación de semiconductores de última generación hacia China, que obligan a China a impulsar autosuficiencia).
Socios comerciales: La red comercial de China es verdaderamente global, pero sobresalen algunos socios clave. Si consideramos total de comercio (exportaciones + importaciones), el bloque de la ASEAN se consolidó en 2024 como el mayor socio con ~US$982.000 millones en intercambio[104], reflejando la integración regional (muchas cadenas productivas de electrónica con Vietnam, Malaysia, etc.). La Unión Europea (considerada en conjunto) fue el siguiente socio con ~US$786.000 millones[105]. Entre países individuales, el Estados Unidos es el mayor mercado nacional de exportación: en 2024 China exportó bienes por US$524.700 millones a EE.UU. (14,7% de sus exportaciones totales)[106]. Sin embargo, las importaciones desde EE.UU. fueron mucho menores (~US$164.000 millones)[105], dando un enorme superávit bilateral (~US$360.000 millones). Hong Kong actúa como hub y segundo destino (8,1% de las exportaciones)[106], aunque en gran medida reexporta a otros mercados. Otros compradores importantes de productos chinos incluyen Vietnam (4,5% de las exp., tanto final como insumos dentro de ASEAN), Japón (4,3%), Corea del Sur (4,1%), India (3,4%), Rusia (3,2%), Alemania (3,0%), Malasia (~2,8%), Países Bajos (~2,5%), México (~2,5%) y Tailandia (2,4%)[106]. En conjunto, Asia absorbe cerca del 48% de las exportaciones chinas, Europa ~21% y Norteamérica ~18%[107]. Del lado de las importaciones, los mayores proveedores son los vecinos asiáticos y los países ricos en recursos. En 2024, según datos oficiales: Taiwán, Corea del Sur y Japón aportaron gran parte de los insumos tecnológicos (China tuvo déficit de -US$143 mil millones con Taiwán y -US$35 mil millones con Corea, comprando chips y componentes)[108]. ASEAN en conjunto también es gran proveedor (China tuvo superávit con la ASEAN, pero importa por ejemplo insumos electrónicos de Malasia, gas de Myanmar, aceite de palma de Indonesia). Australia y Brasil destacan por materias primas: Australia exportó a China US$140.600 millones (hierro, carbón, gas) versus importar US$70.700 millones[109], y Brasil US$116.100 millones (soja, petróleo) vs importar US$72.100 millones[110] – de ahí los déficits chinos con esos países. Estados Unidos aparece como cuarto proveedor individual (China importó ~US$163.600 millones, sobre todo soja, aviones Boeing y chips), aunque ese flujo ha fluctuado por la guerra comercial[105]. Rusia se volvió un socio crítico: en 2024 el comercio con Rusia llegó a US$244.800 millones, con China importando energía (gas, petróleo) por US$129.300 millones[111]. También Arabia Saudita e India son grandes vendedores a China de petróleo y minerales respectivamente. En resumen, China tiene superávits amplios con EE.UU. y la UE (vendiendo muchos bienes de consumo/tecnología) y déficits con Asia Oriental y proveedores de commodities[105][108]. Esta estructura ha generado tensiones (EE.UU. acusa desequilibrios), pero refleja la posición de China en el comercio global: “fábrica del mundo” que provee a mercados desarrollados y emergentes manufacturas baratas, a la vez que es “consumidor voraz” de materias primas de países en desarrollo y componentes de economías industrializadas de Asia.
Inserción en cadenas globales de valor: China es uno de los actores más integrados en cadenas globales de valor, habiendo escalado peldaños a lo largo de las últimas décadas. Inicialmente entró como ensamblador de bajo costo (importando piezas de Japón/Taiwán y exportando productos finales a Occidente), pero hoy día participa en múltiples eslabones: diseño, manufactura intermedia y final, logística, e incluso posventa. Por ejemplo, en electrónica de consumo, empresas chinas fabrican componentes clave (pantallas, baterías) y realizan el ensamblaje final de dispositivos para marcas globales. En sectores como telecomunicaciones (Huawei, ZTE), electrodomésticos (Haier, Midea) o vehículos eléctricos (BYD, CATL), firmas chinas lideran la integración vertical. La política industrial (Made in China 2025) impulsó a que la producción doméstica substituya importaciones en segmentos estratégicos para aumentar el valor agregado retenido en China. Aún así, China sigue importando tecnologías críticas (ej. semiconductores de última generación, ciertos equipos médicos), por lo que su estrategia actual combina “doble circulación”: aprovechar las cadenas globales, pero fortaleciendo la interna. Con la entrada en vigor del megacuerdo RCEP (Asociación Económica Regional Integral) en 2022, se profundizó la integración con Asia-Pacífico, facilitando reglas de origen comunes y reducción de barreras. Esto afianza a China como núcleo de las CGV regionales, por ejemplo, de bienes electrónicos, maquinaria y automotores dentro de Asia. En 2024, pese a tensiones geopolíticas, China siguió atrayendo parte de la cadena de suministro global – por ejemplo, exportó más como proveedor de equipamiento médico durante la pandemia y ahora en energías renovables (paneles solares, baterías). Un riesgo latente es el reacomodo de cadenas por factores políticos: EE.UU. y Europa buscan diversificar proveedores (estrategias de “friendshoring”) para depender menos de China en sectores estratégicos. Esto podría reducir gradualmente la participación china en ciertas CGV (p. ej., fabricación de semiconductores avanzados si prosperan sanciones). No obstante, la ventaja competitiva de China en infraestructura, escala productiva y ecosistema industrial integrado le otorga resiliencia significativa en las CGV a corto y mediano plazo. Es decir, si bien algunas empresas reubican líneas a Vietnam, India u otros para evitar aranceles o riesgos, China mantiene por ahora la masa crítica de industrias, proveedores locales y capital humano para seguir siendo pieza central del comercio manufacturero global.
3. Comercio de servicios
China ha emergido no solo como potencia manufacturera sino también como un actor de peso en el comercio de servicios. En 2024, el comercio exterior de servicios de China superó por primera vez el billón de dólares estadounidenses, alcanzando US$1,05 billones (¥7,5 billones de yuanes)[112]. Este monto, récord histórico, supuso un crecimiento de +14,4% anual en términos de yuanes[113]. Desglosado, las exportaciones de servicios de China crecieron 18,2% durante 2024, mientras que las importaciones de servicios aumentaron 11,8%[113]. El resultado ha sido un déficit de servicios más reducido, ya que tradicionalmente China registra mayor salida neta por servicios (principalmente por turismo emisor). El valor exacto de exportaciones e importaciones no fue detallado en moneda extranjera, pero con esos crecimientos y total US$1,05 billón, se puede estimar aproximadamente US$470.000 millones exportados vs US$580.000 millones importados (déficit ~US$110.000 mill). Aunque deficitario, este balance ha mejorado respecto a años pre-pandemia donde el rojo superaba US$200 mil mill.
Servicios exportados: Los servicios que China vende al mundo se han diversificado de la mano de la transformación tecnológica. Por un lado, el turismo receptivo volvió a cobrar fuerza en 2024: con la reapertura de fronteras y flexibilización de visados tras la era Covid, China atrajo una creciente cantidad de turistas internacionales (programas de tránsito sin visa, etc., impulsaron la tendencia “China Travel”)[114]. Esto benefició ingresos por viajes (turismo), que incluyen alojamiento, comida, recreación cultural – rubro que había sufrido enormemente durante la pandemia pero que en 2024 mostró clara recuperación. A la par, los servicios de alto valor agregado han despuntado: China exporta cada vez más servicios digitales y de propiedad intelectual. Por ejemplo, la industria del videojuego y del entretenimiento digital genera notables ingresos externos: un videojuego chino (“Black Myth: Wukong”) ganó popularidad global, y las plataformas de streaming internacionales difunden cine/TV chino[115]. Asimismo, servicios financieros y telecomunicaciones provistos al exterior han crecido, junto con servicios empresariales (consultoría, I+D tercerizada, arquitectura/ingeniería para proyectos en terceros países). Otro segmento importante es el de transporte y logística: navieras chinas y servicios portuarios obtienen ganancias del comercio global (p.ej., empresas como COSCO manejan transporte marítimo internacional). Según datos recientes, los servicios empresariales y de tecnología figuran entre los principales rubros de exportación de servicios. No obstante, es probable que los viajes y transporte juntos aún representen cerca de la mitad de las exportaciones de servicios chinas, dado el volumen de turistas que China recibe (especialmente asiáticos) y su rol en shipping global. En 2024, la promoción estatal de “desarrollo de comercio de servicios de alta calidad” mediante apertura y políticas específicas ha empezado a rendir frutos[116], con ferias como la CIFTIS fomentando la internacionalización de servicios chinos (financieros, educativos, culturales).
Servicios importados: China continúa siendo uno de los mayores importadores de servicios del mundo, particularmente por el turismo saliente. Con la eliminación de las restricciones Covid, millones de turistas chinos retomaron viajes al exterior en 2023-2024, reactivando los gastos en destinos como Tailandia, Europa, EE.UU., etc. Esto implica que “viajes” es el principal rubro de importación de servicios: los turistas chinos gastaron decenas de miles de millones de dólares en transporte aéreo, alojamiento y compras en el extranjero. Otro gran componente es el pago de propiedad intelectual: regalías por uso de patentes, licencias de software extranjeras, derechos audiovisuales, donde China paga a titulares (muchos estadounidenses, europeos y japoneses). Asimismo, China importa servicios de transporte (fletes pagados a navieras extranjeras por comercio inbound), aunque dado que sus propias navieras tienen peso, parte se queda en casa. Servicios financieros y seguros son adquiridos cuando, por ejemplo, empresas chinas contratan seguros/reaseguros en plazas internacionales o servicios bancarios offshore. También servicios educativos (pagos por estudiantes chinos en universidades fuera) y salud (tratamientos médicos en el extranjero) representan partidas significativas. La estructura importadora de servicios de China por tanto está muy ligada al fortalecimiento de su clase media: a medida que los chinos viajan más y consumen más cultura global, esos egresos aumentan. No obstante, como porcentaje del PIB, el comercio de servicios (sumando export+import ~US$1,05 trill.) aún es menor que el de bienes (~US$6,1 trill.), lo cual sugiere un potencial de crecimiento futuro a medida que la economía se terciarice más. De hecho, funcionarios chinos ven gran potencial en servicios y promueven su desarrollo con medidas de apertura (por ejemplo, listas negativas para inversión extranjera en servicios que se van acortando, facilitando la entrada de empresas globales en sector financiero, sanitario, educativo)[117]. La expectativa es que China transite a ser no solo “fábrica” sino también “exportador de servicios” potente (en turismo receptivo, tecnología financiera, servicios profesionales), disminuyendo gradualmente su enorme déficit histórico en este rubro.
Gráfica 7. Comercio exterior de servicios de China, 2024 (miles de millones de US$).
Fuente: Ministerio de Comercio de China (MOFCOM); Administración Estatal de Divisas (SAFE); elaboración propia.
4. Política comercial
Política arancelaria: Tras su adhesión a la OMC en 2001, China redujo sustancialmente sus aranceles. El arancel NMF promedio simple de China se sitúa alrededor de 7,5% (2024)[118], comparado con más de 15% a inicios de siglo[119]. Este promedio es similar al de Colombia y relativamente bajo para una economía emergente. Los aranceles chinos presentan, sin embargo, mayor protección en agricultura: el arancel medio agrícola supera 14%, mientras el industrial está en ~6%[120]. Productos agrícolas sensibles (grano, azúcar, algodón) tienen contingentes arancelarios: pequeñas cuotas con arancel bajo y fuera de cuota aranceles altos (ej. cereales 65% fuera de cuota). En manufacturas, la mayoría de los bienes tienen aranceles de 0-10%. China participa en el Acuerdo ITA (Tecnología de la Información) por lo que los aranceles a muchos productos electrónicos son 0. Además, ha reducido aranceles unilateralmente en años recientes en áreas como bienes de consumo: por ejemplo, se bajaron aranceles a cosméticos, ropa y autos de lujo para estimular consumo interno. Tras la guerra comercial con EE.UU., China también recortó aranceles de importación desde otros socios (ej. redujo arancel a autos de 25% a 15% en 2018, excepto para EE.UU. donde impuso arancel retaliatorio). Al mismo tiempo, aplica aranceles adicionales a ciertas importaciones desde EE.UU. en represalia a los aranceles estadounidenses de la Sección 301: actualmente, bienes de EE.UU. equivalentes a ~US$100 bn enfrentan aranceles extras (aunque China ha eximido temporalmente algunos). En síntesis, China mantiene un arancel promedio moderado, con picos en agro y automotriz, pero su tarifa efectiva promedio ponderada es baja (≈3%, según el Banco Mundial) dado que importa mucho insumo sin arancel[119]. Cabe destacar que, tras firmar múltiples TLC, un creciente porcentaje de su comercio se realiza a arancel 0. Por ejemplo, con RCEP en vigor, más del 90% del intercambio con ASEAN, Japón, Corea, Australia, etc., quedará libre de aranceles progresivamente. Así, la tendencia es hacia mayor liberalización arancelaria regional, aunque China todavía usa aranceles como herramienta diplomática/punitiva (e.j., en 2020 elevó aranceles al vino y cebada de Australia durante tensiones, luego revertidos tras mejoras en 2023).
Acuerdos comerciales y relaciones multilaterales: China ha expandido su red de acuerdos comerciales en los últimos años. Es miembro clave de la OMC desde 2001 y, más recientemente, lideró la creación del RCEP, en vigor desde enero 2022, que reúne 15 economías de Asia-Pacífico (ASEAN, China, Japón, Corea del Sur, Australia, Nueva Zelanda) en el mayor bloque comercial del mundo. El RCEP establece reducciones arancelarias, reglas de origen comunes y disposiciones de facilitación, consolidando a China en el centro de la integración regional. China también tiene TLC bilaterales con varios países: Australia (desde 2015), Nueva Zelanda, Singapur, Pakistán, Chile, Perú, Costa Rica, Suiza, entre otros. En 2020 firmó el acuerdo China–Mauricio, su primer en África. Además, en 2023 solicitó formalmente unirse al CPTPP (Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífica), lo que de concretarse implicaría un compromiso con altos estándares, aunque enfrenta reticencias por parte de miembros actuales. En el ámbito multilateral, China se ha posicionado como defensora de la globalización en discursos, aunque también ha sido criticada por prácticas comerciales (subsidios industriales, transferencias de tecnología forzada). Ha participado activamente en negociaciones plurilaterales de servicios e inversión a nivel OMC (aunque estas no han concluido). Por otro lado, a través de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI), China ha firmado memorandos con más de 140 países, facilitando comercio mediante inversión en infraestructura y acuerdos de cooperación, aunque BRI no es un TLC formal, sí ha removido barreras logísticas al comercio con Asia Central, África y Europa del Este. En 2024, China también abogó por la reforma de la OMC y mostró interés en acuerdos digitales (es observadora en la Asociación de Economía Digital DEPA). En conclusión, la estrategia comercial china combina: 1) regionalismo asiático (RCEP, ASEAN+), 2) alianzas bilaterales diversificadas (América Latina, África, Oceanía), y 3) mantener el sistema multilateral, aunque adaptándolo a sus intereses. Esta expansión de acuerdos ha resultado en que aproximadamente el 38% del comercio de bienes chino se hace con países con TLC vigente – porcentaje en aumento con RCEP – y se espera crezca si ingresa al CPTPP.
Facilitación del comercio y aduanas: China ha modernizado significativamente sus procedimientos aduaneros en las últimas décadas, en parte para atender el volumen masivo de comercio. Ha implementado la Ventanilla Única Internacional de Comercio que permite presentar documentación electrónicamente. La aduana china (GACC) se ha adherido a estándares internacionales de gestión de riesgo, segmentando cargamentos para inspección intensiva versus liberación rápida. Los tiempos de despacho se han reducido; según datos oficiales, para 2022 el despacho promedio de importación era ~32 horas y de exportación ~1,2 horas, mejoras sustanciales respecto a años previos. China es signataria del Acuerdo de Facilitación de la OMC y ha cumplido la mayoría de sus compromisos, como la publicación en línea de regulaciones y la cooperación inter-agencias. También participa en el programa de Operador Económico Autorizado (OEA) con mutual reconocimiento con varios países, beneficiando a empresas confiables con menos trabas aduaneras. En cuanto a infraestructura, China invirtió intensamente en puertos (Shanghai, Ningbo, Shenzhen son de los más activos del mundo), zonas francas de comercio (por ej. la Zona Piloto de Libre Comercio de Shanghai y otras FTZ en diferentes provincias con trámites simplificados) y en logística terrestre (trenes de carga China-Europa que agilizan comercio terrestre). Además, el gobierno fomenta “ciudades piloto de comercio electrónico transfronterizo”, facilitando envíos pequeños de e-commerce. Pese a los avances, empresas extranjeras a veces citan desafíos como requisitos documentales complejos, inspecciones sanitarias estrictas y aplicación a veces opaca de reglas (p. ej., control de calidad que puede demorar mercancías). En 2024, China adoptó una nueva Ley de Control de Exportaciones y endureció ciertos controles a exportación (p.ej., de tecnologías sensibles, minerales estratégicos como galio y germanio) por motivos de seguridad nacional, añadiendo una capa de complejidad. No obstante, en general China busca equilibrar la protección de sus intereses con mantener fluido el gigantesco flujo comercial: su posición en índices de desempeño logístico es alta (ranking top 30). Resumiendo, China cuenta con aduanas modernas, sistemas electrónicos avanzados y políticas de facilitación alineadas a estándares – algo esencial para manejar su volumen comercial –, si bien en los últimos años ha agregado controles específicos coherentes con sus prioridades estratégicas.
Políticas de incentivo y protección comercial: China ha utilizado históricamente una variedad de herramientas para promover exportaciones y proteger industrias nacientes, aunque muchas se han ajustado conforme a reglas OMC. Un incentivo clave son las devoluciones de impuestos a la exportación (rebates del IVA): los exportadores chinos reciben la devolución parcial o total del IVA (13% típico) pagado en los insumos locales, abaratando sus costos. En 2020, en plena pandemia, China elevó varias tasas de reembolso para aliviar a exportadores. También ofrece crédito y financiamiento favorable mediante bancos estatales a empresas orientadas al mercado externo. En protección, China combina aranceles (ya comentados) con medidas no arancelarias: por ejemplo, licencias de importación en productos sensibles, normas técnicas y fitosanitarias estrictas (algunas críticas las tildan de barreras encubiertas). Aplica contingentes arancelarios en granos y fertilizantes para controlar volúmenes. En industrias como acero, aluminio, paneles solares, ha brindado apoyo (subsidios energéticos, terreno barato) que ha generado disputas comerciales: EE.UU. y UE impusieron aranceles antidumping a productos chinos en esas ramas. China suele responder recíprocamente; por caso, la disputa comercial con EE.UU. desde 2018 la llevó a imponer aranceles extras a US$110 bn de importaciones desde EE.UU. y a diversificar compras agrícolas a otros países. Adicionalmente, en 2023-2024 China restringió exportaciones de ciertos metales raros (galio, germanio) cruciales para semiconductores, en aparente retaliación a controles occidentales – mostrando que sus políticas comerciales también pueden ser instrumentadas geopolíticamente. No obstante, en foros internacionales China enfatiza su compromiso con mercados abiertos. Otra vertiente son las Zonas Económicas Especiales y zonas francas: en ellas se ofrecieron exenciones arancelarias, infraestructuras de primer nivel y beneficios fiscales para atraer IED orientada a exportación (estas zonas, como Shenzhen, fueron cuna del milagro exportador). Actualmente, las Zonas de Libre Comercio Piloto prueban reformas (liberalización de servicios, facilitación aduanera) para luego escalarlas nacionalmente. Por último, mencionar políticas industriales: programas como “Made in China 2025” o los planes quinquenales sectoriales implican subsidios y compras públicas dirigidas para fortalecer industrias estratégicas (robótica, vehículos eléctricos, biotecnología). Si bien esto no es política comercial per se, sí afecta el comercio ya que esas industrias compiten internacionalmente con respaldo estatal. En suma, China equilibra la apertura lograda con su adhesión OMC/TLCs con medidas de apoyo interno a sectores clave y protecciones puntuales, lo que ha generado fricciones con socios comerciales, pero también ha sido central en su ascenso económico.
5. Inversión extranjera directa (IED)
China ha sido uno de los mayores receptores de inversión extranjera directa del mundo, fundamental para impulsar su industrialización. No obstante, en años recientes la IED hacia China muestra signos de ralentización en medio de desafíos económicos y tensiones geopolíticas. En 2023, China recibió US$163.000 millones en IED, un descenso de -13,7% respecto a 2022[121]. Fue la primera caída importante desde la crisis de 2008, atribuida a la recuperación económica desigual post-Covid, incertidumbres regulatorias y deterioro del ambiente internacional (ej. controles tecnológicos de EE.UU.)[121]. Aun así, esa cifra mantuvo a China con 12,3% de la IED global en 2023, su cuarto año consecutivo por encima del 10% mundial[122]. Para 2024, datos parciales indican continuidad de la tendencia bajista: en los primeros 9 meses de 2024, la IED totalizó RMB 640.600 millones (US$90.260 millones)[123], lo que extrapolado sugiere un total anual en torno a ~US$120.000 millones (una contracción adicional respecto a 2023). De hecho, el Ministerio de Comercio reportó en 2024 una baja del ~5% en términos de yuanes de la IED utilizada. Los analistas citan factores como la crisis inmobiliaria interna, estrictas políticas anti-Covid hasta 2022 que mermaron confianza, y la continuidad de roces China-Occidente que han frenado algunos proyectos.
Gráfica 8. Flujos de inversión extranjera directa (IED) hacia China, 2022–2024 (miles de millones de US$).
Fuente: MOFCOM; UNCTAD; SAFE; elaboración propia.
Sectores receptores: La distribución sectorial de la IED en China ha cambiado conforme evoluciona su economía. Tradicionalmente, manufactura (especialmente ensamblaje de productos electrónicos, textiles, etc.) y real estate captaron la mayor parte. Pero en 2023, el 70%+ de la IED nueva se dirigió al sector servicios[124]. Los siete sectores que acapararon 89,5% de la IED ese año fueron: manufactura, investigación científica y técnica, servicios de alquiler y empresariales, servicios de información/software/TI, inmobiliario, comercio mayorista-minorista, y finanzas[124]. Destaca el auge de la industria de alta tecnología: en 2023 se establecieron 13.758 nuevas empresas de alta tecnología con IED, recibiendo US$60.980 millones (37% de la IED total)[125]. Dentro de este rubro, la manufactura de alta tecnología atrajo US$18.100 millones (ej. electrónica avanzada, farmacéutica), mientras los servicios de alta tecnología captaron US$42.880 millones[125] en áreas como I+D, software, servicios técnicos especializados. Esto se alinea con la estrategia china de atraer capital hacia sectores innovadores en vez de industrias maduras. Aun así, la manufactura en general sigue siendo un imán de IED: en 2024 la industria representó ~30% del total (ejemplos: automotriz con inversiones de Tesla ampliando fábrica en Shanghai; electrónica con ampliaciones de plantas de Samsung, Intel -aunque esta última postergó-, química con BASF inaugurando complejo en Guangdong). Sector inmobiliario: tras décadas recibiendo fuertes flujos (ej. megaproyectos comerciales con inversión de Hong Kong, Singapur), se ha enfriado por las restricciones a apalancamiento, pero sigue habiendo IED en logística (centros de datos, almacenes) y complejos industriales. Financieros: a raíz de liberalizaciones, bancos y aseguradoras extranjeras ampliaron presencia (HSBC, Allianz, JPMorgan han aumentado sus participaciones en China). En comercio electrónico y logística, empresas globales como Walmart, Maersk, DHL invierten para aprovechar el mercado chino. En resumen, la IED en China se está orientando más hacia servicios de valor agregado y manufactura tecnológica, complementando la base industrial local y apuntalando la transformación económica.
Origen de la IED: Los flujos de IED hacia China históricamente provienen mayoritariamente de Asia. En 2023, el 81,3% de la IED realizada vino de países asiáticos[126][127]. Esto se explica porque Hong Kong ha funcionado como el principal hub: empresas de todo el mundo canalizan inversión vía Hong Kong por ventajas fiscales y cercanía (también incluye capital chino “round-trip” que sale y reingresa disfrazado de IED). Otros grandes inversores son Singapur, Japón, Corea del Sur y Taiwán, impulsando proyectos manufactureros y de servicios. Por ejemplo, Singapur en 2023 fue la mayor fuente de IED nueva (aprovechando su fondo soberano para invertir en financieros e inmobiliarios), y Corea/Japón reinvierten utilidades en sus numerosas plantas en China. Europa representó ~8,9% de la IED en 2023[126]. Destacan Alemania (VW, BMW ampliando fábricas de EV, BASF en petroquímica), y el Reino Unido, Francia, Países Bajos en finanzas y consumo. Norteamérica aportó apenas 2,4%[126], reflejando cautela de empresas estadounidenses ante incertidumbres políticas; no obstante, algunas inversiones se dan (ej: Tesla, JP Morgan). Latinoamérica (6,4%) se vincula a territorios offshore como las Islas Vírgenes Británicas o Islas Caimán, de donde empresas chinas listadas en Nueva York suelen canalizar capital (aunque formalmente cuentan como IED desde Latam). Países de “Una Franja, Una Ruta” han incrementado inversiones en manufactura ligera y zonas industriales en China central. En 2024, con la mejora de lazos China-Australia, regresó IED australiana (minería, servicios). En conjunto, la concentración de inversionistas tradicionales se ha mantenido, pero China busca diversificar: ha relajado reglas para que multinacionales globales establezcan centros regionales en ciudades chinas e invita a fondos extranjeros a sectores como la fabricación de chips y NEVs (vehículos eléctricos). El top 15 países/regiones (Hong Kong, Macao, Taiwán, Singapur, Japón, Corea, EE.UU., UK, etc.) acumulan 94,2% de todo el stock de IED en China[128], ilustrando que la mayoría del capital viene de economías avanzadas asiáticas y occidentales, más la banca offshore.
Gráfica 9. Distribución regional del origen de la inversión extranjera directa (IED) hacia China, 2023 (%).
Fuente: MOFCOM; UNCTAD; elaboración propia.
Evolución reciente y perspectivas: A pesar de la baja reciente, China sigue siendo un imán de IED por su vasto mercado interno, cadena de suministro completa y mano de obra calificada. Muchas empresas extranjeras “no pueden darse el lujo de no estar en China” en sectores como automoción (es el mayor mercado de autos), lujo, agronegocios, etc. Sin embargo, las tensiones geopolíticas y riesgos regulatorios (p.ej., aplicación estricta de leyes de datos y seguridad nacional que inquietan a firmas de consultoría) han introducido cautela. El gobierno chino, consciente de ello, ha tomado medidas en 2023-2025 para mejorar el clima de inversión: publicó una lista reducida de sectores restringidos (Negative List) permitiendo más participación extranjera en áreas antes vetadas (finanzas, automotriz, salud); lanzó incentivos fiscales para inversiones en manufactura avanzada; y ha sostenido múltiples foros (Davos, expos CIIE) reafirmando que “China está abierta a negocios”. Estas acciones buscan contrarrestar narrativas de desvinculación (“decoupling”). De cara al futuro, sectores con alto potencial para IED incluyen: energías renovables y transición climática (donde capital global busca oportunidades y China quiere liderazgo), tecnología y cadenas de suministro resilientes (empresas reconfiguran cadenas, pero muchas deciden expandir en China para atender su mercado), consumo y servicios de salud (envejecimiento poblacional abre nichos en cuidados, seguros). Firmas como Apple han diversificado algo hacia India/Vietnam, pero continúan invirtiendo en capacidades en China. Según AMRO, la IED “utilizada” (registrada por MOFCOM) fue US$116.200 mill. en 2024[129], pero se espera cierto repunte para 2025 si la economía se estabiliza en ~5% de crecimiento y se disipan miedos regulatorios. De cualquier modo, existe un consenso en que la era de expansión exponencial de IED en China pudo alcanzar un pico, y ahora los flujos podrían mantenerse o crecer más selectivamente. China probablemente compensará menor entrada neta de IED con la robusta inversión doméstica y con su propia inversión en el exterior (donde es ya gran exportador de capital). Para atraer y retener IED, las autoridades deberán garantizar un trato equitativo a empresas extranjeras, mayor transparencia normativa y protección de propiedad intelectual – asuntos que inversionistas extranjeros señalan como condicionantes para seguir apostando por China. En síntesis, la IED en China encara un momento de inflexión: sigue en niveles altos en términos absolutos, diversificándose hacia sectores punteros, pero con creciente competencia de otros destinos asiáticos y percepciones de riesgo que China deberá gestionar para continuar siendo un destino líder de inversión global.
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