La posición China ante la reforma de la OMC

La reforma de la OMC se discute en un contexto marcado por aranceles, subsidios y tensiones geopolíticas. China continúa en su posición orientada hacia el multilateralismo y al principio de Nación Más Favorecida, mientras varios países occidentales plantean que esos beneficios estén sujetos a criterios de reciprocidad y a nuevas disciplinas sobre distorsiones comerciales. El debate refleja diferencias sobre el alcance de las reglas multilaterales y sobre el papel de los acuerdos paralelos en el comercio internacional, en medio de guerras comerciales que se desatan a nivel global.

¿Qué plantea la Reforma y qué plantea China?

La reforma de la OMC se concentra en dos asuntos: la actualización institucional y la definición de las reglas aplicables al comercio internacional en un entorno de mayor intervención estatal y competencia geopolítica. En este marco, China plantea mantener el sistema multilateral, preservar principios existentes y discutir el alcance de nuevas disciplinas comerciales.

China propone mantener un comercio no discriminatorio basado en el principio de la Nación Más Favorecida (MFN), conservar el desarrollo como eje de negociación y restablecer un sistema de solución de controversias plenamente operativo. También incorpora discusiones sobre equidad y sobre medidas estatales que puedan generar distorsiones, con márgenes diferenciados según el nivel de desarrollo. Estos elementos aparecen en el documento reforma de la OMC.

La propuesta también busca que el sistema comercial siga reconociendo márgenes de política industrial, tecnológica y de desarrollo. En esa línea, enfatiza que las nuevas reglas no limiten de manera uniforme el uso de herramientas estatales por parte de economías con distintos niveles de desarrollo.

¿Cómo se recibe en Occidente?

En Estados Unidos y Europa, la reforma suele plantearse en términos de apertura recíproca, compromisos verificables y revisión de instrumentos aplicables a subsidios, sobrecapacidad y barreras no arancelarias. En ese debate aparecen discusiones sobre la vigencia universal del principio MFN, como se observa en el debate sobre MFN reforma y en la discusión en Bruselas.

En varios países occidentales, la reforma se presenta como una oportunidad para fortalecer mecanismos de defensa comercial frente a desequilibrios y para revisar la distribución de beneficios dentro del sistema. En ese contexto, el énfasis se sitúa en subsidios, sobrecapacidad, barreras no arancelarias y condiciones de competencia.

La propia OMC ha señalado que el sistema es “resiliente”, pero no “robusto”, lo que ha sido interpretado como una referencia a las limitaciones actuales de la institución para ordenar disputas y responder a medidas unilaterales adoptadas por los Estados.

Paralelamente, varios países han avanzado en acuerdos bilaterales o regionales con cláusulas adicionales para proteger preferencias, fijar reglas en nuevas áreas y reducir incertidumbre. Un ejemplo citado en el texto es el borrador India–UE. En paralelo, China ha ampliado su estrategia de acuerdos y redes comerciales para aumentar su integración con distintos bloques y diversificar sus vínculos externos.

¿Reglas multilaterales o acuerdos paralelos?

La OMC continúa siendo un marco de referencia para la legitimidad jurídica y política del comercio internacional, mientras que los acuerdos paralelos cumplen funciones de acceso preferencial, diversificación y reducción de riesgos.

El debate sobre la reforma se centra en si el comercio global seguirá rigiéndose principalmente por reglas multilaterales comunes o por un esquema con más excepciones, salvaguardas y acuerdos paralelos. China plantea mantener MFN y desarrollo como principios centrales, mientras varios países occidentales promueven condiciones de reciprocidad y mayores disciplinas sobre distorsiones. En la práctica, ambas dinámicas conviven con una expansión de acuerdos por fuera del sistema multilateral.

Las discusiones actuales incluyen posibles intercambios entre mayores exigencias de transparencia y control sobre subsidios, cumplimiento y medidas industriales, y una mayor flexibilidad para políticas de desarrollo. También se plantean nuevas reglas en áreas digitales y ambientales. El alcance de estos cambios determinará si la reforma fortalece la centralidad de la OMC o si una parte creciente del comercio internacional continúa desplazándose hacia acuerdos paralelos.