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La Iniciativa de la Franja y la Ruta: Claves para la inversión china en Colombia

Iniciativa de la Franja y la Ruta: Clave para Colombia
Camilo Defelipe
Profesor de Ciencias Políticas de la Pontificia Universidad Javeriana
Investigador especializado en política china y relaciones China-América Latina.

Colombia está se encuentra en un momento importante de su relación con China. Mientras el país se prepara para reasumir la presidencia de La Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) y ejecutar el plan de cooperación con China para la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR), la financiación y la inversión china llaman a la puerta en la región para desarrollar proyectos de energías renovables. La pregunta no es si Colombia debe participar en el financiamiento chino de la transición energética, sino más bien como facilitarlo.

China es uno de los principales oferentes de financiación en América Latina. Tras la pandemia, la naturaleza de estos recursos evolucionó de centrarse en préstamos para construcción de grandes proyectos de infraestructura a priorizar energías renovables, movilidad eléctrica y tecnologías digitales.

Esta financiación proviene de cinco fuentes principales: los bancos desarrollistas como el China Development Bank (CDB); los bancos comerciales, como el Industrial and Commercial Bank of China (ICBC) y el Bank of China (BOC) que vienen dando prioridad a proyectos de energía renovable y emisión de Bonos Panda; empresas estatales provinciales; los capitales de riesgo de grandes empresas como Ant Group, o BAI Capital; los fondos del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB); y los fondos de inversión multilaterales como el Banco Interamericano de Desarrollo.

Parte de estas fuentes de financiación se canalizan a través del Fondo de la Ruta de la Seda y se enmarcan en las agendas de cooperación de los países firmantes del acuerdo de entendimiento de la IFR. Como resultado, en 2022, el número de proyectos verdes en América Latina se cuadruplicó . Esto es además una evolución de la IFR hacia un sistema de estándares y regulaciones financieras centrado en la sostenibilidad.

No obstante, América Latina aun no es un destino prioritario para estos flujos. Por tanto, atraer esta estos recursos es un reto estratégico. En el caso de Colombia, la transición energética es uno de los ejes del acuerdo de cooperación de IFR y, por tanto, la financiación e inversión chinas tendrán un rol fundamental.

Este reto de atraer financiación e inversión verde hace parte de una serie de desafíos la política exterior colombiana. Colombia debe compensar el la disminución de la cooperación estadounidense, promover la integración regional, y mejorar las condiciones para lograr una atracción de recursos, para el desarrollo sostenible, especialmente hacia la transición energética .

La cooperación entre China y Colombia y la oferta de financiación China tiene un rol dentro de estos retos. La salida de la cooperación estadounidense plantea la necesidad de explorar nuevos modelos de cooperación para el desarrollo. Esto implica aprovechar la oferta china en cooperación técnica, los intercambios educativos, la transferencia de conocimiento entre otros, para aterrizarlo al enfoque territorial colombiano . En clave de transición energética justa, implica que Colombia podría beneficiarse del enfoque verde de IFR.

En este sentido, la oferta del gobierno chino a través de la Agencia Presidencia para la Cooperación Internacional, las actuales inversiones en energía renovable y los programas de desarrollo comunitario de empresas chinas, entre otros, son una base importante para desarrollar las capacidades productivas de los territorios.

Respecto a la integración regional, la Alianza del Pacífico se creó en 2012 como una plataforma de proyección de Perú, Chile y Colombia a la cuenca del Pacífico. Sin embargo, solo Chile y Perú han sabido aprovecharla . La iniciativa tampoco ha logrado desarrollar cadenas de suministro y producción y ampliación de mercados, especialmente con miras a Asia. Similarmente, el Foro China-CELAC tiene pendiente concretar planes de inversión para la conectividad y capacidad productiva regional.

Finalmente, la financiación requiere una armonización de estándares financieros y de criterios de sostenibilidad dentro de América Latina y en China , tanto para facilitar la conectividad financiera como para hacer los mercados energéticos atractivos para inversionistas internacionales.

Evidentemente, hay una oportunidad, sin embargo, la presencia inversora de China en Colombia debe madurar. En 2022 alcanzó un máximo de USD 266,4 millones, equivalente a solo el 1,6% del total del país. Pese a que la IED china en Colombia ha mantenido una tendencia creciente, y ha sido impulsada por la infraestructura y energía solar, ha sido irregular, y sigue focalizada en pocos sectores incluso dentro de los mismos renovables y registra uno de los niveles más bajos de IED total de China en Latinoamérica.

A futuro, la agenda de desarrollo sostenible y la hoja de ruta de transición energética (CONPES 4075), requerirán mecanismos de financiación claros, focalización y articulación entre programas y actores ejecutores, e indicadores adecuados de manera que tenga un impacto positivo en el desarrollo colombiano .

En este contexto, debe aprovecharse la entrada de Colombia a la IFR, ¿cómo hacerlo? IFR abarca proyectos de inversión estratégicos para China, lo que significa que Colombia podrá acceder a financiación si presenta una petición de inversión bajo la categoría IFR a través de mecanismos binacionales . Esto equivale a presentar una lista de proyectos de interés nacional conectados con las prioridades de IFR. Los proyectos de energía hacen parte de estas, más aún si se enfocan en mercado energéticos regionales. Se trata entonces de una estrategia de hablar idiomas similares en torno al desarrollo.

No basta con atraer capital chino. La prioridad debe ser primero, dirigir ese capital hacia el cumplimiento de políticas públicas de estado de transformación productiva. Segundo, debe explorarse formas de alinear discursiva y programáticamente la inversión y el financiamiento chino con principios de desarrollo sostenible, como la Civilización Ecológica de China y el enfoque territorial colombiano. Esta convergencia sería relevante en sectores clave, como la explotación de los minerales estratégicos de Colombia. Tercero, Colombia podría aprovechar su posición en la CELAC y su membresía en el Nuevo Banco de Desarrollo (NBD) para proponer un marco de financiación de la transición energética y desarrollo de mercado energéticos regionales.

Así, el momento que vive Colombia con China es estratégico, lo importante es actuar y darle continuidad.

Por Camilo Defelipe
Profesor de Ciencias Políticas de la Pontificia Universidad Javeriana. Phd en política de la East China Normal University; magíster en comercio internacional de la Universidad de Barcelona y magister en política internacional contemporánea con énfasis en China por la Universidad de Jilin, en China.