De Cusco a China pasando por Estados Unidos: una historia de gobernantes.
Si llegáramos a China hoy, tendríamos la posibilidad de visitar algunas de las más variadas exposiciones de arte precolombino realizadas en el país. Más concretamente, si visitáramos el Museo Capital de Beijing, donde desde mayo y hasta octubre de este año está la exposición Maíz, oro y jaguar: Antiguas civilizaciones de Mesoamérica y los Andes, con un total de 380 piezas expuestas, destacando algunos objetos de la tumba del Señor de Sipán o la escultura monumental de Mictlantecuhtli.
Pero si nos sobra tiempo y energía para recorrer algún destino más, en el Museo de Shanghái se expone desde julio de este año y hasta noviembre del siguiente, la mayor exposición de arte precolombino nunca antes presentada en China, con casi 3000 objetos arqueológicos bajo el título En lo alto del árbol del mundo: antiguas civilizaciones de América, que reúne casi 300 objetos arqueológicos junto a la exposición Espacios Sagrados, Civilizaciones del México Antiguo, con más de 800 piezas.
Pero ¿qué hacen tantas piezas en el corazón de una cultura tan lejana?
¿Arte por el arte? Un creciente interés multidisciplinar
Desde la primera década de los años 2000, el interés chino por el arte precolombino no ha hecho más que aumentar. En el país asiático se realizaron exposiciones emblemáticas como la muestra del oro inca, allá por el 2006, o la exposición Oro: arte prehispánico de Colombia, que tuvo lugar en el 2009.
A esto se suma un crecimiento firme del turismo chino en Latinoamérica, donde México sigue liderando como destino preferido. Si analizamos datos en Colombia, veremos que en el año 2025 se produjo un aumento del 11% con respecto al año anterior, impulsado por propuestas atractivas de turismo natural y de aventura para público asiático.
Este interés ha logrado calar incluso en los coleccionistas chinos, cuya presencia en subastas internacionales del (mal llamado) «arte primitivo» (que abarca el arte africano, precolombino y oceánico) ha seguido esta misma tendencia al alza.
Dos elementos importantes dentro de esta tendencia china que no podemos dejar de mencionar son la inversión y la cooperación científica y arqueológica. El mayor proyecto hasta ahora llevado a cabo (en cooperación con Perú) ha sido el convenio para excavar la civilización Caral, una de las más antiguas del continente. Esta colaboración no se limita al plano académico, sino que abarca también el económico y técnico.
Junto con las exposiciones vigentes, este entramado cultural señala ahora una compleja necesidad china: mostrarse ante el mundo (sobre todo ante occidente) como una nación moderna capaz de rivalizar hasta en el panorama museístico y académico, a través de colecciones que abarquen todos los períodos de la historia global, siendo el arte precolombino uno de los huecos que faltaba rellenar.
Pero el auge del interés chino por el arte milenario latinoamericano no es algo meramente académico. Forma parte de un entramado complejo que mezcla la diplomacia, el conocimiento y un discurso político de resistencia.
China, al encuentro milenario a través del soft power
No debemos olvidar que China y los países del Sur Global comparten elementos de un pasado colonial turbulento. Mientras que los países latinoamericanos en su mayoría tuvieron que luchar por su independencia a comienzos del siglo XIX, China comenzó a ser forzada a firmar por las potencias europeas tratados comerciales sumamente desventajosos (principalmente con el Imperio Británico) los cuales desembocarían en la Primera y la Segunda Guerra del Opio.
El avance hacia el siglo XX no fue ni mucho menos pacífico para China, que acabó tras la Revolución viéndose sometida por el imperialismo japonés y con conflictos internacionales como el de Taiwán.
En el presente y en medio de una guerra comercial y tecnológica (una nueva Guerra Fría, según algunos internacionalistas) con Estados Unidos, el acercamiento hacia los países tradicionalmente relegados de la escena internacional resulta imprescindible. China no busca presentarse como una potencia extranjera inversora o extractivista, sino como un aliado comercial y cultural.
Para lograrlo, esta cicatriz histórica sirve de puente para una narrativa china enfocada en el acercamiento Sur-Sur, resumido en el planteamiento que promueve Xi Jinping al hablar de «diversidad de civilizaciones».
Este enfoque, lleno de matices, recalca un punto que en muchas ocasiones ha sido olvidado: antes de la imposición cultural occidental existieron sociedades altamente desarrolladas y complejas. Estas comunidades elaboraron filosofías y cosmovisiones propias que lograron sobrevivir a la erosión cultural europea, logrando llegar hasta nuestros días a través de medios como el arte.
No es casual, por tanto, que en la exposición En lo alto del árbol del mundo el propio árbol sea la planta del maíz, símbolo del encuentro entre Latinoamérica y China: el maíz, originario de México es ahora un cultivo imprescindible para el país asiático, uniendo ambas naciones en un sincretismo multicultural.
Poder elegir, el nuevo acto de rebeldía
Por esta mezcla de motivos, analizar, estudiar y divulgar el arte del Sur Global no es un mero acto de erudición académica, sino una herramienta que, además de tender puentes sirve para subrayar un lenguaje político contrario al sometimiento histórico.
Que los países tengan el derecho a poder liberarse del colonialismo ha sido una lucha que marcó la segunda mitad del siglo XX. Esta historia, más lejana por desgracia de lo que nos pueda parecer en términos históricos, se está volviendo a olvidar, o directamente estamos prefiriendo no involucrarnos.
Este mensaje es cada vez más importante, en un mundo donde los proyectos neocoloniales promovidos por líderes como Donald Trump, con la propuesta de reconstruir la Franja de Gaza en un complejo hotelero de lujo, ganan seguidores ante la impasibilidad de la ONU.
Por ello, ante la coacción de Estados Unidos y su intervención en Latinomérica, el mero derecho a escoger de las naciones se ha vuelto un acto de rebeldía ante el imperialismo.
China lo ha comprendido mejor que nadie, y sabe que presentarse ante los países del Sur respetando su herencia cultural y mostrando comprensión hacia su identidad es la mejor carta de presentación posible.
En esta carrera tenemos dos competidores con dos bazas completamente opuestas. Mientras uno impone el nuevo Corolario Roosevelt con militares y sanciones, el otro promueve aprender de un pasado común enterrado por siglos de violencia.
Ya solo queda escoger.