Voces expertas

Geopolítica del Pacífico colombiano y la proyección de China

Jhosman Gerliud Barbosa Domínguez
PhD. Economía Política del desarrollo BUAP -CEDES – Magíster en Estudios Latinoamericanos UNAM – Historiador Universidad Nacional de Colombia – Investigador Junior (JI) Miembro Asociación Colombiana de Historiadores. Miembro del Núcleo Praxis Universidad de Sao Paolo. Catedrático Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca. Articulista en prensa rusa y uruguaya.

La situación del Océano Pacífico en sus desarrollos geopolíticos, deviene para el caso colombiano, en una geopolítica del narcotráfico; es decir, el territorio no sólo se organiza en torno al puerto de Buenaventura y la movilización de una economía legal, sino que además articula la ruta y salida de pasta de coca. La organización de las tierras en torno a la siembra de hoja de coca, como expresión de la coacción sobre el campesinado, que no ve otros cultivos como rentables, porque es el monocultivo impuesto por cárteles de la droga y grupos armados, legales e ilegales, vincula a esta región del litoral a la violencia, al atraso económico, la marginalidad y todas las calamidades que ello implica.

Esto se manifiesta como paradójico e interesante, pues mucho de lo que no puede hacer la economía legal, como tocar puertos de Asia -de manera significativa-, lo logra el mercado ilegal con tasas considerables de ganancia. El narcotráfico es de carácter trasnacional, indiferentemente a un orden multipolar, unipolar o bipolar. Su articulación con el Estado y el territorio le da unas características flexibles y una capacidad de mímesis, de solapamiento, derivadas de una constante adaptación a las nuevas circunstancias tecnológicas, de vigilancia y sofisticación del control social.

De esta manera, a nivel de las condiciones internas colombianas, una geopolítica del narcotráfico que la vincula dentro de la cadena de producción – consumo en el marco de un territorio militarmente disputado y que sufre de orfandad estatal, encuentra una limitante histórica, consuetudinaria al menos hasta ahora insalvable.

A ello se suma una importante cooperación internacional, y entre estas operaciones conjuntas se destacan: La iniciativa de submarinos Diésel-Eléctricos (DESI, por sus siglas en inglés); El ejercicio del Anillo del Pacífico (RIMPAC, por sus siglas en inglés); El internacional de fuerzas especiales, Fused Response; Las operaciones Event Horizon, Southern Seas, Caribe y Toucan Royal.

Sólo para dejar señalado. En la página de (Naciones Unidas: 2025), su oficina de Lucha contra las drogas, fechado septiembre de 2022, anuncia: “Un Nuevo Programa Regional para el Sudeste de Asia y el Pacífico toma forma para 2022-2026”. Tal programa implica una lucha contra el narcotráfico. Es comprensible que todo el problema del narcotráfico implica reconfiguración de territorios y de economías que se vuelcan hacia Europa, y Estados Unidos, según sea la proximidad de la región. Tema que requiere de reflexiones detallas al respecto.

De otra parte, la relevancia de la riqueza natural de la región le vincula inexorablemente a la protección como zona estratégica de la geopolítica estadounidense delineada por Nikolas Spykman, hacia los años 40’s, dentro de lo que denominó como ‘Mediterráneo americano’. También la creada iniciativa denominada Integración de Infraestructura Regional Suramericana, IIRSA en 2002, configuró la importancia de proyectos, ergo inversión extranjera. Colombia tiene un peso significativo en El Pacífico, pues además en términos de cercanía con Asia se encuentra mejor ubicada que los puertos peruanos, chilenos y argentinos. Además, a la cantidad de bases militares en El Pacífico y las 11 bases militares en Colombia (9 oficiales) más los grupos estadounidenses denominados Comandos Operativos Estratégicos Regionales COER, se suma la próxima construcción de otra base en la Isla Gorgona, bajo la fachada de una subestación de guardacostas, según informe de (INDEPAZ: 2024). Aunque el director de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres, UNGRD, Carlos Carrillo realizó un video desmintiendo este proyecto.

Para pensar en un diálogo particularmente colombiano con China hay que tener presente el componente geopolítico del narcotráfico, de lo que actúa a la sombra más allá del tipo de polaridad que impere, transite o se fracture. El interés de EE. UU. desde el neo monroísmo, con la burda Doctrina Donroe, será un reto particular para Colombia y la subregión en donde la forma agresiva de la administración Trump. De hecho, para el articulista de The New York Times, (Klein: 2025), Trump, sigue a cabalidad la línea marcada por Steve Bannon, como una estrategia agresiva y rompedora, determinada por la velocidad “inundar la zona” no dejar pensar, atascar a la prensa en tantas cosas que no pueda enfocarse. Tal comportamiento será visible al reclamar a los países la cuota de lealtad y vasallaje. Como se ha visto, pese a estar concentrada -o atascada- en Ucrania e Irán, no descansa en la hostilidad sobre Cuba.

La actual tensión en el Caribe con el asesinato, sin juicio, ni detención de personas en lanchas presumiblemente portadoras de narcóticos, así como la abrumadora parada de tropas, barcos de guerra con destructores y ejercicios militares, se decantó en el secuestro no esclarecido con suficiente rigor, del presidente Nicolás Maduro Moros y el asesinato de más de 30 cubanos y personal militar venezolano.

Para el caso aquí tratado, no es el Caribe ni Venezuela la mayor causa de la entrada de narcóticos a EE. UU. sino el Pacífico, donde se encuentran Colombia y Ecuador, como fuertes exportadores de coca.

A esto se suma la descertificación al presidente Gustavo Petro pese a los avances de su presidencia en incautaciones de droga, además del retiro de su visado por instigar éste a que las tropas norteamericanas se insubordinaran ante el poder ejecutivo.

Aunque luego del arribo del presidente colombiano a Washington y su reunión con el presidente Donald Trump, a inicios de febrero de 2026, se han dado en apariencia señales de ‘respeto’ a la soberanía colombiana. Lo que ha de interpretarse más como una pausa que como un efectivo restablecimiento de las relaciones bilaterales.

La proyección china en el Pacífico colombiano

Curiosamente, mientras la influencia estadounidense se concentra en seguridad y control antinarcóticos, China avanza con una lógica económica y de infraestructura que busca conectar directamente el Pacífico colombiano con los mercados asiáticos. Tal hecho no es casualidad y constituye un elemento relevante en las relaciones chino – colombianas. ¿Cómo construir un diálogo activo sin aprovechar la variable geográfica del Pacífico? ¿Cómo triangular mercancías, proyectos, inversiones y financiaciones que reduzcan la dependencia de rutas tradicionales dominadas por otros actores?

Esto es relevante al apreciar que el diálogo entre Colombia y China está determinado por la capacidad de acción libre y soberana de las naciones. El neo monroísmo de Donald Trump está dispuesto no sólo a evitar la aproximación de la subregión a China, sino a retomar de manera definitiva posiciones en el hemisferio Sur. De hecho, en términos políticos el progresismo ha enfrentado presiones, y foros regionales como la CELAC han mostrado limitaciones para responder de manera unificada a tensiones externas.

En la región, gobiernos que buscan mayor autonomía enfrentan desafíos ante presiones arancelarias y diplomáticas. Aunque países como Chile mantienen lazos con la ASEAN desde 2016, Colombia emerge como un actor clave por su posición geográfica. Mientras China promueve un enfoque de cooperación win-win, inversión en infraestructura y diálogo horizontal, Estados Unidos ejerce una doctrina de contención que incluye presencia militar y condicionamientos.

En febrero de 2025, se anunció la creación de una ruta entre China y Colombia, que conecta a la Sociedad Portuaria Regional de Buenaventura (SPRBUN) y la naviera estatal Cosco Shopping, la que moverá 50 mil toneladas de carga por carguero; lo que se suma la inauguración del puerto peruano de Chancay. Esta ruta WSA5 conecta directamente Shanghái y Qingdao con Buenaventura, ofreciendo tiempos de entrega competitivos (alrededor de 30 días) y reduciendo costos logísticos.

En 2025, Colombia dio un paso adicional al adherirse formalmente a la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI), firmando un plan de cooperación con China durante la visita del presidente Gustavo Petro a Beijing. Esto abre puertas a mayor inversión china en infraestructura, energía, y conectividad, con énfasis en El Pacífico. Proyectos potenciales incluyen la modernización y expansión del puerto de Buenaventura, ferrocarriles interoceánicos que unirían El Pacífico con el Atlántico, y fibra óptica submarina. China se ha comprometido a importar más productos colombianos como café, cacao, camarón, atún y otros del litoral Pacífico, buscando equilibrar el déficit comercial.

Oportunidades y tensiones en el diálogo China-Colombia

La riqueza natural y la posición estratégica de El Pacífico colombiano lo convierten en un nodo clave. Para China, Buenaventura representa una puerta de entrada eficiente a Sudamérica, complementaria al mega puerto de Chancay en Perú. Operado en parte con participación de COSCO, este corredor reduce la dependencia del Canal de Panamá y fortalece cadenas de suministro asiáticas. Para Colombia, significa diversificación comercial, atracción de inversión en infraestructura crítica y potencial transformación económica del Pacífico, históricamente marginado.

Sin embargo, esto ocurre en un contexto de fuerte presencia estadounidense: bases militares, cooperación antinarcóticos y percepción de la región como “Mediterráneo americano”, en los términos descritos líneas atrás.

La construcción anunciada de instalaciones en Gorgona y ejercicios militares resaltan la competencia. El narcotráfico añade complejidad: mientras flujos ilegales usan las mismas rutas marítimas, la economía legal busca formalizarse a través de inversiones chinas en puertos y logística, potencialmente generando empleo y alternativas al cultivo de coca en zonas afectadas.

Como dato clave, el grupo BRICS+, del cual China es miembro fundador al lado de Rusia y Brasil, no tiene un país miembro en Latinoamérica de cara al Océano Pacífico.

La hegemonía no sólo implica dominio unipolar; es una disputa constante donde se ganan y pierden zonas de influencia mediante negociaciones pragmáticas o por la fuerza. La disputa central entre potencias se concentra en áreas como el Heartland de Mackinder (Asia Occidental y Central donde se dan las guerras en Ucrania e Irán), pero El Pacífico también adquiere relevancia en la proyección china hacia América Latina. Un escenario que contemple el Océano Pacífico podría acotarse a intereses mutuos de desarrollo entre China y Colombia, con ritmos determinados por la soberanía nacional y las necesidades locales de paz, desarrollo y diversificación.

Colombia, con su ubicación privilegiada, puede aspirar a convertirse en un puente logístico y tecnológico. La ruta marítima directa, la adhesión a la BRI y posibles proyectos ferroviarios interoceánicos apuntan a un giro hacia Oriente que, en el marco de procesos de media y larga duración, parece inevitable. El desafío radica en gestionar esta aproximación sin escaladas innecesarias, priorizando beneficios económicos y sociales para las regiones pacíficas mientras se mantiene un equilibrio en las relaciones internacionales.

No es menos vital para Colombia, sobre todo, mantener un consenso interno desde sus élites que blinde esta alianza más allá de los vaivenes político-ideológicos, como cambios de gobierno a ultra derechistas que cancelen estos logros, honestamente hasta ahora en ciernes.

Lo que se ha visto con el caso venezolano, dejado de alguna manera a su suerte o negociado o por negociar en la cumbre China – EE.UU. los días 14 y 15 de mayo de 2026, también constituye un espejo vital para Colombia, de cara a cómo negocian las potencias a sus injerencias en las periferias.

En conclusión, la geopolítica del Pacífico colombiano trasciende el narcotráfico para incorporar la creciente presencia china como factor de transformación. Buenaventura ya no es sólo la salida de commodities o ruta de drogas; emerge como nodo de una conectividad Asia-América-Colombia que redefine oportunidades y equilibrios de poder en la región. El éxito dependerá de la capacidad colombiana para aprovechar estas dinámicas en favor de un desarrollo inclusivo y soberano, lo que implica un Staff de expertos con sentido soberanista más allá de los gobiernos de turno.

Por ello, en varios artículos y ponencias he recabado desde hace al menos 5 años en la necesidad de la creación de una política exterior colombiana -ruptura con el Respice Polum, (mirar hacia el norte)- como doctrina a acatar por tal o cual gobierno, en muchos asuntos y particularmente en este caso de inversiones extranjeras.

Sobre la potencialidad de Colombia, escribí en 2002 el artículo, El puerto de Buenaventura en la reconfiguración de la cadena global de valor post-pandémica. Les invito a profundizar en el tema.

Por Jhosman Gerliud Barbosa Domínguez