El mundo ha venido haciendo la transición hacía el multilateralismo y cada vez somos más conscientes de esa realidad, con la presciencia económica y política de China y en menor medida de Rusia. En efecto desde el siglo pasado China ha venido haciendo inversiones importantes en África como la construcción del ferrocarril Tazara en Tanzania en la década de los 70, que permitió la salida de cobre, mineral importante para el desarrollo de China, hasta mas recientemente con trenes eléctricos en Etiopia y Kenia y otros proyectos de infraestructura como los puertos de Yibuti y Lamu y carreteras en Nigeria, Angola y otros. Todos estos proyectos bajo la sombrilla de la iniciativa de “La Franja y la Ruta”. Simultáneamente, bajo la misma iniciativa, se desarrollaron proyectos emblemáticos de infraestructura como el Corredor Económico China-Pakistán, el ferrocarril China-Europa y el Corredor China-Asia Central-Europa. La presencia de China en América Latina fue más reducida y tubo una orientación más ideológica concentrando grandes prestamos en Argentina, Ecuador y Venezuela.
Ese multilateralismo tenía simultáneamente una acción económica de inversión y cooperación y una acción política que le permitió a China tener una influencia mayor en el contexto mundial, se vio reforzada por una política de exportaciones a los diferentes mercados del mundo, el principal de ellos los Estados Unidos. China pues, en los 25 años de presente siglo llegó a posicionarse como la segunda economía del mundo y el principal exportador compitiendo con Alemania y fue esta realidad la que encontró durante su primera administración el presidente Trump. Pudo ver los Estados Unidos bajo esa administración que su país había dejado de ser la potencia única en el mundo y que según la visión del mandatario había que hacer a “América Grande Otra Vez” lo que significaba su reposicionamiento como potencia la dominante, y para ello empezó una política arancelaria tendiente a recortar el flujo de comercio de China a los Estados Unidos sin mayor éxito.
La administración de Joe Biden que siguió a la de Trump 1, no solo mantuvo la política de aranceles proteccionista, sino que lanzó una iniciativa para contrarrestar aquella de la Franja y Ruta con el nombre de “Build Back Better (B3W)” y complementada con una iniciativa al año siguiente que llamó “Partnership for Global Infraestructure and Investment (PG2)”. Estas iniciativas, aunque han promovido proyectos importantes han sido más lentas en su implementación dado los procesos de licitación y financiación que involucran los proyectos beneficiarios y tienen además un carácter más estratégico en ciertos sectores e industrias que una visión global y no han logrado el propósito de neutralizar la dinámica de la Franja y la Ruta.
La segunda administración Trump vino más agresiva en su propósito de limitar la influencia de China en el mundo e impedir el crecimiento de su comercio mediante una política arancelaria que impuso tarifas muy altas a la gran mayoría de los productos chinos, logrando después del primer año una disminución de 5% en las importaciones de ese país. Pero no fue solo una política arancelaria sino una ofensiva mayor con acciones militares, embargos y presiones como hemos visto en el hemisferio occidental, particularmente en América Latina.
Tal vez el primer esfuerzo en la región por limitar la influencia china fue en Panamá cuando Estados Unidos reclamó que el Canal de Panamá era una infraestructura crítica para la seguridad de su país y que lo tanto no podían sus puertos tanto en el Pacífico como en el Atlántico estar operados por una compañía china que era Hutchinson. Panamá ha sido desde su creación una nación en la cual la influencia americana ha sido enorme y la ha mantenido a toda costa incluyendo una intervención militar que derrocó al general Noriega y por tanto fue el primer objetivo de la región para imponer sus reglas, que incluyo también el retiro de Panamá de la iniciativa de la Franja y la Ruta lo cual hizo. El gobierno panameño dio así por terminada la concesión de los puertos de Balboa y Cristóbal a la empresa de Hong Kong, y fueron adquiridos por el fondo de inversión americano BlackRock.
Tal vez al país donde China tenía mayor influencia en la región era Venezuela al cual le había hecho prestamos importantes que este país pagaba con petróleo. Veía el gobierno de los Estados Unidos una gran amenaza precisamente en el país con una de las mayores reservas de petróleo en el mundo que llegan a 303.000 barriles, y veía con recelo su cercanía con China, pero también con Irán y Rusia. El 3 de enero sucedió un ataque a bases militares venezolanas de parte de los Estados Unidos que terminó en la captura del dictador Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flórez. Como dato curioso y coincidente el 2 de enero, un día antes de la operación “Resolución Absoluta”, Maduro recibía en el Palacio de Miraflores a Qui Xiaoqi enviado especial del presidente Xi Jinping. Como resultado de esa intervención los Estados Unidos no solo le quito un aliado a China, sino que también se hizo al control del petróleo venezolano y sentó las bases para la explotación minera del llamado Arco Minero que entre otros produce los metales raros que China, mayor productor mundial, tiene restringidos y sin fundamentales en el nuevo desarrollo tecnológico.
Este movimiento coincide con la elección de candidatos “amigos” de Trump en Argentina, Chile, Ecuador, Costa Rica y Honduras, lo que le ha hecho más fácil su propósito. No obstante, ya elegido Antonio Kast como jefe de gobierno en Chile, la administración americana sancionó con el retiro de la visa al ministro saliente de Transporte y Comunicaciones, Juan Carlos Muñoz por la entrega de la licitación para un cable submarino transoceánico a China ya que según los americanos era una amenaza a la seguridad nacional.
No tuvo éxito electoral sin embargo en Brasil donde su candidato, Jair Bolsonaro perdió las elecciones contra Lula y tiene mandatarios de izquierda en los tres países más grandes de la región que son Brasil, México y Colombia. Eso no le ha impedido ejercer una enorme influencia en el presidente de Colombia quien fue sancionado no solo con el retiro de la visa, sino que está incluido en la “Lista Clinton” y presionar a la presidente Sheinbaum de México en temas de migración y narcotráfico. Colombia enfrenta elecciones prontamente y ésta reñida contienda será definitiva en esta batalla por el control se la región en un país que firmo recientemente la iniciativa de la Franja y la Ruta y sostiene un déficit de más de 16 millones de dólares en su comercio con China. Aun no sabemos cómo será la solución al problema cubano, pero todo parece indicar que el gobierno Trump tiene las cartas ganadoras en la mano en virtud del embargo en que tiene sometida a la isla.
A pesar de estos movimientos China sigue siendo el principal socio comercial de América de Sur, excepción hecha de Colombia y Ecuador y eso no va a cambiar en el corto plazo, y tanto Kast como Milei tendrán que vivir con esa realidad así los Estados Unidos continue con una política arancelaria agresiva. Pero no solo Chila y Argentina tendrán que vivir en un mundo multipolar, también los demás países de la región tendrán que sortear la presencia de las dos potencias que no solo están en el comercio sino en muchas otras áreas como infraestructura, telecomunicaciones y salud para solo mencionar algunas