Voces expertas

Davos 2026: el mundo se reordena

Beethoven Herrera Valencia
Profesor Emérito de la Universidad Nacional de Colombia, vicepresidente de la Academia Colombiana de Ciencias Económica y profesor del curso de Asia en la Pontificia Universidad Javeriana.

Davos volvió a ser, más que un foro, un termómetro. En el desarrollo del Foro Económico Mundial de 2026, tres discursos (He Lifeng de China, Mark Carney de Canadá y Donald Trump de Estados Unidos) expusieron en público lo que muchos gobiernos ya aplican en privado. La economía global entra en una fase de ‘seguridad económica’, donde comercio, energía, tecnología y defensa se mezclan en una sola ecuación. Es probable que se avecinen más aranceles, más estándares estratégicos, más competencia por inversiones y un multilateralismo en revisión.

En este contexto los discursos en Davos aportan un marco de referencia sobre cómo se están reescribiendo las reglas del comercio y las inversiones en energía e infraestructura y cómo se reconfiguran alianzas.

He Lifeng, vice-premier de la República Popular de China, hizo una defensa del libre comercio mostrando que el auge de la unilateralidad y el proteccionismo están fracturando el orden económico global y debilitando el multilateralismo y para dimensionar el costo, citó estimaciones de organismos internacionales sobre el impacto de la fragmentación económica.

Además propuso sostener la globalización, corrigiéndola mediante diálogo, con reglas multilaterales realmente aplicables y reformas del sistema en el comercio y en las instituciones financieras, con más representación para el Sur Global. Además exigió que los acuerdos comerciales no perjudiquen a terceros ni erosionen la arquitectura institucional.

Como oferta política-económica, China se presentó como socio comercial y de inversión, vinculando su ‘apertura’ a tres frentes que hoy definen la competencia global: expansión del consumo interno, innovación (incluida cooperación en gobernanza de IA) y transición verde con cooperación en productos y finanzas verdes. En suma, China quiere seguir vinculada al mundo, pero con reglas menos concentradas en Occidente.

Por su parte, Donald Trump presentó una lectura opuesta del modelo de crecimiento reciente. Argumentó que la desindustrialización, las importaciones baratas, el gasto público creciente y la migración masiva debilitaron a Occidente. También defendió los recortes tributarios, desregulación, incentivos a la inversión y aranceles como instrumento para reducir déficits y atraer producción. En su lógica, los aranceles no sólo reequilibran el comercio, sino que fuerzan su relocalización y reordenan sus cadenas de valor.

En su propuesta incluyó una agenda energética explícita que necesita más capacidad de generación eléctrica (incluida las fuentes nucleares) para sostener la carrera tecnológica, especialmente IA, y una crítica frontal a políticas verdes que, según su discurso, encarecen energía, destruyen la industria pesada y generan una dependencia a China. En su visión, la ventaja competitiva se decide por energía abundante y barata, con infraestructura eléctrica capaz de alimentar centros de datos y manufactura.

A nivel geopolítico, su discurso reafirmó una visión de seguridad nacional donde economía y energía son parte del poder. El presidente estadounidense presentó el tema de Groenlandia como asunto de seguridad estratégica (más que de recursos) y defendió su administración de territorios, rutas y capacidades, como componentes de una competencia hemisférica y global.

El punto culminante del evento fue la intervención del Primer Ministro de Canadá, Mike Carney, quien se ubicó entre ambos polos, pero sin ambigüedades defendió un orden basado en reglas. Su advertencia fue vehemente al considerar que las grandes potencias usan la integración económica como coerción, y las potencias medias pierden si negocian aisladas.

Su alternativa fue pragmática y propuso establecer coaliciones por temas entre países con suficiente terreno común para actuar. A la vez, planteó que la soberanía se ancla cada vez más en la capacidad de resistir presiones y que el costo de esa resiliencia debe compartirse mediante estándares comunes y complementariedades. El vocero canadiense buscó demostrar que la estrategia empieza en casa, buscando reducción de barreras internas al comercio, recortes tributarios e inversiones aceleradas en energía, desarrollo e implementación de IA, minerales críticos y nuevos corredores económicos, además de diversificación con acuerdos y asociaciones.

En conjunto, esos discursos coinciden en reconocer que la fragmentación es un hecho y la discusión es acerca de quién debe fijar los estándares. China defiende la apertura y multilateralismo, pero pide reformar las instituciones y exige aumentar la voz del Sur Global. Estados Unidos normaliza el uso de aranceles y la coerción económica como herramientas de política industrial y de seguridad nacional en tanto que Canadá asume el fin del antiguo orden internacional, pero busca amortiguar ese choque creando coaliciones y estándares compartidos para reducir vulnerabilidades.

Por otra parte, China defendió el proceso climático multilateral y propuso cooperación en bienes y finanzas verdes, reafirmando metas de carbono y un relato de liderazgo en renovables. Trump desacreditó las políticas verdes, apostando por las energías fósiles y nucleares,  presentando la energía barata como un requisito de competitividad, especialmente en el campo de la IA.

El primer impacto potencial de una ola arancelaria no es jurídico sino productivo. Colombia puede tener acuerdos comerciales, pero si su canasta exportadora sigue concentrada en bienes primarios o de baja sofisticación, el margen de maniobra ante cambios de reglas es reducido. El DANE muestra que el componente extractivo sigue pesando en exportaciones, mientras la estructura importadora está dominada por manufacturas. En un nuevo mundo donde los gobiernos premian la producción local y castigan dependencia estratégica, esa asimetría se traduce en vulnerabilidades como más presión sobre el tipo de cambio, sobre los costos industriales y, por extensión, sobre la inflación y el empleo.

Por Beethoven Herrera Valencia