Voces expertas

Colombia y China: una oportunidad que seguimos dejando pasar

Oportunidad Colombia China: Barreras y Soluciones
Luis Diego Monsalve
Ceo New Stetic
Ex embajador de Colombia en china durante 2019-2022

Durante años he observado una curiosa constante en Colombia: hablamos de China con fascinación, con temor o con prejuicios, pero casi nunca con conocimiento. La vemos como un actor lejano, enigmático, difícil de descifrar. Y así, mientras el mundo se reorganiza alrededor de las dos grandes potencias del siglo XXI, Colombia sigue sin tener una estrategia clara para relacionarse con la segunda economía del planeta. He tenido el privilegio de conocer China desde dentro, de viajar por sus provincias industriales, de conversar con empresarios, académicos y funcionarios. Y cuanto más la entendía, más evidente se hacía que en Colombia no la conocemos… y por eso tampoco la aprovechamos.

La realidad es simple: no es que China nos quede lejos geográficamente; es que nos queda lejos mentalmente. Esa distancia explica la mayor parte de nuestras equivocaciones.

Tres barreras culturales y mentales

La primera barrera es que solemos imaginar a China como otro planeta. Un lugar donde “todo funciona distinto”, donde “solo entra el que tiene contactos” o donde los negocios se cierran con rituales misteriosos. Esa caricatura mata más oportunidades que cualquier distancia. En China no ganan los más exóticos, sino los más preparados: los que estudian el mercado, entienden la cultura empresarial, se rodean de buenos asesores y hacen presencia constante.

La segunda barrera es nuestra tendencia a ideologizar la relación. En Colombia, cada gobierno mira a China desde su posición política, no desde el interés nacional. Unos la romantizan como aliada natural de un nuevo orden multipolar; otros la demonizan como amenaza geopolítica. Ambos extremos son simplistas y profundamente dañinos. China no es ni salvación ni peligro automático: es un actor con intereses claros. Somos nosotros los que no hemos decidido cuáles son los nuestros.

La tercera barrera es el desconocimiento práctico. Muy pocos colombianos —empresarios, académicos, funcionarios— conocen la China real: la de las cadenas industriales, los ecosistemas de innovación, las ciudades productivas, la logística más moderna del mundo. Cuando uno no conoce, improvisa. Y cuando improvisa, fracasa.

Barreras internas que nos frenan

A esas barreras de percepción se suman otras, más profundas, que tienen que ver con nosotros mismos.

La primera es nuestra oferta exportable insuficiente. No producimos los volúmenes que China demanda; no aseguramos continuidad; no tenemos procesos homogéneos; y no generamos la escala necesaria para competir. Mientras países como Chile, Perú o incluso Ecuador exportan miles de millones en cobre, frutas o mariscos, Colombia sigue ofreciendo productos valiosos pero dispersos, sin volumen industrializable.

La segunda barrera es la ausencia de una estrategia nacional. No existe un plan de largo plazo que articule gobierno, empresas, academia y regiones. Cada viaje empresarial es una excursión aislada; cada misión oficial es un intento desconectado; cada administración cambia el rumbo. Así no hay país que pueda consolidar una relación seria con una potencia como China.

La tercera barrera es la falta de preparación empresarial. Muchos empresarios colombianos aterrizan en China sin análisis de mercado, sin due diligence, sin conocimiento del sistema legal, sin claridad sobre propiedad intelectual, sin cadena logística definida. El resultado es predecible: experiencias fallidas que refuerzan mitos y desconfianzas.

La cuarta barrera es nuestra debilidad en innovación y adopción tecnológica. China avanza en inteligencia artificial, manufactura avanzada, vehículos eléctricos, baterías, telecomunicaciones, biotecnología. Colombia, en cambio, lleva años discutiendo ideología energética, trabando proyectos y rezagándose en su capacidad industrial. No se puede construir una relación moderna con China manteniendo una estructura económica del siglo pasado.

A todo esto se suma un problema logístico estructural: Colombia es uno de los países más costosos del mundo para exportar. Si internamente mover un contenedor desde el centro del país tarda días y cuesta miles de dólares, ninguna estrategia hacia China podrá funcionar del todo.

Por qué China sí tiene interés en Colombia

A pesar de nuestra indecisión, China sí mira a Colombia como un actor estratégico. Es el tercer país más poblado de América Latina, con una ubicación privilegiada, acceso a dos océanos, tradición institucional y potencial en sectores que China considera relevantes: agroindustria, energía, transición digital, movilidad eléctrica, infraestructura, minería responsable y economía del conocimiento.

Durante mis años en China pude comprobar cómo empresas chinas preguntaban por Colombia. Muchas veces, más de las que imaginamos. Pero se encontraban con señales confusas: normativas cambiantes, discursos contradictorios entre instituciones, ausencia de proyectos maduros y una percepción de inestabilidad que espantaba inversiones.

El interés está ahí. Lo que falta es profesionalismo, coherencia y una visión de país.

Lo que Colombia sí podría hacer

Colombia tiene cómo dar un giro. Y no requiere magia, sino seriedad:

  1. Construir una estrategia público-privada de largo plazo, blindada de ideologías y ciclos políticos.
  2. Definir tres o cuatro sectores estratégicos donde realmente tengamos ventajas: agro de alto valor, servicios digitales, manufactura especializada, energías limpias, cobre y minerales críticos.
  3. Formar talento colombiano que entienda a China: abogados, negociadores, ingenieros, expertos en cadenas globales.
  4. Usar plataformas como el Observatorio de China en Colombia para convertir conocimiento en política pública y en decisiones empresariales.

Nada de esto exige un giro geopolítico dramático. Solo exige pensar con ambición.

China no es una amenaza ni una panacea. Es una realidad. Y mientras América Latina se mueve, negocia, exporta y atrae inversiones, Colombia sigue atrapada entre prejuicios, improvisación y debates domésticos que nos impiden ver el tablero global.

El país que entienda a China no será el que más discursos pronuncie, sino el que más se prepare. Colombia todavía está a tiempo. Pero las oportunidades, como los trenes chinos, no esperan.

Por Luis Diego Monsalve
Abogado con maestría en Administración Pública de la Universidad de Harvard y experto en comercio exterior. Ex embajador de Colombia en china durante 2019-2022. Actualmente dirige la empresa New Stetic.